Y Granger se quedó para siempre

| Jeff cuenta su llegada, sus miedos, sus atisfacciones y su amor con Silvia Kliche

SILVIA PEREZ

Llegó a Uruguay hace 24 años y salvo un paréntesis de tres temporadas —en las que no se admitieron jugadores extranjeros en los equipos de básquetbol y regresó a su país— nunca más se fue.

La posibilidad de venir a Uruguay surgió por intermedio de su técnico de básquetbol de la universidad, que había estado en el 67 participando en una clínica. "¿Querés ir a Uruguay’, me dijo mi entrenador y yo le pregunté qué era eso. ‘Un país chiquitito entre Argentina y Brasil’, me respondió y me mandó a hablar con el cónsul uruguayo. El diplomático me mostró fotos de Punta del Este y La Paloma, con esas maravillosas playas y chicas en bikini y me dijo que hacía calor todo el año. Eso terminó de decidirme. El 23 de agosto de 1979 me subí a un avión para viajar hacia Uruguay. Traía puesto un short y una musculosa. El vuelo, que había salido de Nueva York, hacía escala en Río de Janeiro. Hacía calor y yo creí que ya habíamos llegado. Me explicaron que aún faltaban dos horas de vuelo. Me estiré en mi asiento y cuando miré a mi alrededor me di cuenta que las personas vestían tapados de piel y sacos de lana. Todos me miraban. Yo sabía sólo dos palabras en español: sí y no, y no entendía nada. Pensaba que nunca habían visto a un morocho tan grande. Cuando llegamos al aeropuerto y se abrió la puerta del avión entró un viento helado".

PESE A TODO. Lo habían ido a esperar a Carrasco y lo primero que hicieron fue llevarlo a pasear por la rambla. El miraba las olas marrones en la playa y temblaba dentro del auto. Para peor sus valijas no habían llegado y no tenía nada para abrigarse. Seguramente, en ese momento se acordaba del cónsul y su promesa de calor todo el año.

Había llegado para enrolarse en Nacional, pero en ese momento el equipo tricolor estaba en Segunda y en esa divisional no se permitían extranjeros. Por esa razón la primera camiseta que se puso en Uruguay fue la de Aguada.

En ese momento no imaginaba que se iba a quedar tanto tiempo en "ese país chiquitito entre Argentina y Brasil". "Yo siempre había soñado con conocer un país latino o jugar en Europa. Cuando estaba en la universidad habíamos viajado a Barcelona y me había encantado. Uruguay tenía algunas cosas parecidas, y como era tan chiquito, me gustó. Me pegó fuerte, no sé por qué".

BUENAS Y MALAS. De todas maneras, ese país que tanto le había gustado no siempre lo trató bien. "Me pasó de todo, bueno y malo. Al principio en la cancha aprovechaban que yo casi no entendía nada y me insultaban. Muchas veces me trataron como un objeto, no como un ser humano. Sabían que necesitaba la plata y se aprovechaban de eso. Para llegar a estar arriba tuve que pasar muchas cosas. Después de diez años jugando por diferentes clubes aprendí la lección y no permití que me trataran más así. Me asesoré con un abogado y desde ese entonces siempre firmo mis contratos en el Ministerio de Trabajo".

Pero tampoco todas fueron verdes, y Jeff reconoce que si pone las cosas en una balanza, las buenas fueron más. "El momento que nunca olvidaré fue cuando me puse la camiseta de la selección por primera vez. Tenía miedo porque no sabía como iba a reaccionar la gente, pero me recibieron como un uruguayo más. Fue en el 95 y aún hoy cuando lo cuento me pasa un escalofrío por el cuerpo. Me habían pedido que me nacionalizara para jugar en la selección, como ya lo había hecho Joe Mac Call. Yo era uno de los primeros extranjeros y quise hacer algo bueno por el Uruguay. Gané dos campeonatos sudamericanos con la selección y eso fue un sueño que cumplí. Además, en ese momento yo estaba jugando bien y me gané el respeto de la gente. Por suerte salió todo bien. Los niños le pedían a su madres para tocarme, no sé, pensarían que no era humano. Jamás olvidaré esas tribunas coreando mi nombre y a mi hijo Jason con la camiseta celeste. Tengo mucho que agradecerle a Dios".

LA VUELTA. Después de cuatro temporadas lejos de los rectángulos, Granger volvió este año a jugar, pero tiene claro que es el último: "Dejé durante cuatro años pero no estaba convencido de que tenía que retirarme. Quería que saliera la Liga para volver. Quería retirarme habiendo jugado en todo el país. Cuando a principios de esta temporada me llamaron de Goes a ver si estaba interesado, dije que sí, sobre todo para retirarme de otra forma. Ya no tengo nada que demostrar, y en este nivel de básquetbol aún puedo jugar muy bien".

A propósito del nivel del básquet uruguayo, Granger asegura que hace 20 años atrás era mucho mejor. "Había grandes jugadores, como ‘Tato’ López, ‘Fefo’ Ruiz y Peinado y con los extranjeros que llegamos se hizo una buena mixtura. Hoy, la gente se engaña porque ve los partidos por televisión, pero el nivel no es bueno. No sé por qué bajó el nivel así. Ahora no hay tantos buenos jugadores como antes y de los extranjeros que llegan, hay algunos buenos y otros malos. Además, la mayoría viene a cobrar su plata fuerte y nada más. No vienen para aportar al equipo, sólo a cumplir con el contrato. Por otra parte, ahora sólo se permite un extranjero por equipo".

AMORES. Hace ya cuatro años que Jeff conoció a Silvia Kliche, quien fuera presentadora del noticiero Telemundo 12 durante muchos años. Obviamente, cada uno sabía quién era el otro, pero una amiga en común intentó presentarlos. "Me invitaron a un baile, era una especie de cita programada, pero esa noche me lesioné en el partido y no pude ir. Entonces llamé a esa amiga para que me diera el número de Silvia para explicarle lo que me había pasado. Quedamos en ir a tomar algo, pero no sabíamos a donde ir porque los dos éramos conocidos. Finalmente optamos por un bar en Carrasco y charlamos seis horas seguidas. Me pareció una mujer espectacular y me enamoré allí mismo. Es muy linda, pero lo mejor lo tiene adentro. Tiene un corazón muy grande y clase, algo que en una mujer siempre es importante. Hablamos de nuestros hijos y nos dimos cuenta que teníamos muchas cosas en común, pero en ese momento no sabíamos a dónde íbamos a llegar. Me pareció que tenía que ir despacio, no era como salir con cualquier otra mujer. Esa noche no hubo ni un beso. La dejé en su casa y cuando llegué a la mía la llamé a ver cómo había llegado. Con eso la maté".

CASAMIENTO. Unos días después la invitó a un partido. En ese momento jugaba en Nacional y todo el mundo se preguntaba por qué esa noche Silvia Kliche estaba en la cancha de Unión Atlética. "Yo no le dije nada a ningún compañero. Cuando terminó el partido todos se quedaron en la puerta para ver a quién esperaba Silvia. Salimos de la mano y todos quedaron de boca abierta. Al otro día salió en el diario y en ese momento tomamos conciencia de lo que iba a ser nuestra relación. Cuando nos casamos había gente que nos aceptaba y gente que no. A veces entrábamos a un restaurant en el que todo el mundo estaba comiendo y hablando y cuando nos veían se callaban y nos miraban. Nosotros nos moríamos de risa, pero me di cuenta que en Uruguay dicen que no son racistas, pero en el fondo lo son. A mí me importa el corazón de las personas, no el color de su piel".

Ha pasado el tiempo y a pesar de que han enfrentado momentos difíciles, Silvia y Jeff siguen juntos y creciendo como pareja: "Cuando mi mujer se quedó sin el trabajo en el canal después de haber cumplido durante 23 años, fue un momento complicado. Fue un 31 de diciembre y me llamó pidiéndome que fuera para casa enseguida. Cuando abrí la puerta me lo contó. No lloró pero estaba en shock. Yo la apoyé, pero para ella no fue suficiente. Tuvimos altibajos como cualquier pareja y la gente empezó a inventar cosas y a decir que estábamos separados. Hoy seguimos luchando y estamos felices. Al principio, al conocernos, influyó que ella fuera Silvia Kliche y yo Jeff Granger, pero luego sólo importó nuestro amor".

FUTURO. Una de las cosas que más le importan al norteamericano son sus hijos: Jeff Junior y Jason. El mayor, fruto de su primer matrimonio, está estudiando y jugando al básquetbol en Estados Unidos. Jason, de madre uruguaya, juega en Cordón y en la selección juvenil. A los 15 años mide 1m85 y calza 47. "No sé si la vejez me va a encontrar aquí o en mi país, pero dentro de 20 años me imagino tranquilo y disfrutando de mis nietos o nietas. Hoy pienso más que nada en mis hijos, quiero que puedan ser felices y hacer lo que quieran. Siempre les recomiendo que hay que hacer deporte, pero también estudiar, porque el deporte se termina".

Hoy juega y además, tiene¡ 5 empleos!

Nació en Nueva Jersey, Estados Unidos, hace 47 años.

Jugó en Aguada, Nacional, Neptuno, Welcome, Cordón, Malvín, Urupan y actualmente defiende a Goes. Fue Campeón Federal tres veces con Cordón y también salió campeón en Segunda con Nacional logrando el ascenso a Primera. Fue Campeón Sudamericano dos veces con Uruguay, en el 95 y en el 97. También fue Campeón Sudamericano sub 1m 95 en Asunción, Paraguay, donde fue elegido como el mejor jugador del torneo junto a Marcelo Capalbo.

Hoy, además de jugar en Goes, tiene cinco empleos. "Así es el Uruguay", bromea. Da clases de básquetbol en el Colegio Americano, en el British School, en la ACJ de Portones, en el Carrasco Lawn Tennis y está a cargo de las inferiores de Larre Borges junto a "Fito" Medrick. En total entrena a más de 300 niños y niñas. "A veces es difícil recordar todos los nombres, pero si no me acuerdo les pongo un sobrenombre. Ellos se ríen y enseguida me aclaran cómo se llaman".

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