José María Bello
Milton Wynants no termina de asombrar a los uruguayos. Sin embargo, tengo la sensación que son muy pocos los que comprenden el verdadero valor que tiene para un deportista uruguayo haber obtenido tantos logros.
Estoy totalmente convencido que lo alcanzado por Milton en los Juegos Olímpicos de Sydney fue la mayor hazaña lograda por un deportista uruguayo, y si a eso le agregó lo conquistado hace unos días en Santo Domingo, puedo afirmar que con ello marcó un hito muy difícil de igualar.
Para comprender eso, hay que tener en cuenta cuáles son las ventajas que el uruguayo le dio a sus oponentes cada vez que compite, sea donde sea. Sus rivales corren permanentemente en Europa las pruebas denominadas Seis horas frente a los ciclistas que luego encontrarán en las Pruebas por Puntos, los estudian, los conocen cada vez más. Acá, mientras tanto, el "Gorra" Wynants entrena cuando puede por la ruta 90, sin ninguna seguridad —a la vista está el accidente que tuvo—, y cuando el tiempo se lo permite. De esa forma, concede una ventaja impresionante.
Pero hay otras cosas que la gente que viva a Wynants y que valora sus éxitos debe saber. Milton ha concurrido a disputar algunas carreras por la Copa del Mundo a Europa gracias a la colaboración dada por la Federación Ciclista Uruguaya, el Ministerio de Deporte y Juventud y el Comité Olímpico, que han hecho hasta lo imposible para colaborar con el ciclista. Pero eso no alcanza. No puede permitirse que un icono del deporte uruguayo, el único deportista de elite que hay en Uruguay, se vea obligado a cargar la bicicleta al hombro y salir a buscar un taxi cuando llega a una ciudad de Europa conjuntamente con su técnico y sin mecánico. Por otra parte, ese taxi, generalmente, lo traslada hasta la casa de un uruguayo generoso que les da alojamiento hasta que se les permite ingresar al hotel que paga la organización 24 horas antes de comenzar la prueba.
Eso no debe ocurrir más. Milton debe ir a Europa en busca de la clasificación para los Juegos Olímpicos, pero lo debe hacer como un "monstruo" de nuestro deporte. Como una figura. No debe ir para pasar vergüenza. Esta, que no queden dudas, es una tarea de todos.