Peleas secretas en el boxeo

| En el resucitado boxeo uruguayo, las pugnas de poder entre los empresarios, incluso extranjeros, marcan la vida de los pugilistas y "organizan" más combates afuera del ring que adentro.

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JORGE SAVIA

Christian Namus todavía no ganó -si lo gana- el título mundial interino de peso superligero del Consejo Mundial de Boxeo y, sin embargo, pocos días más tarde de haber conquistado la misma corona, absoluta, no interina, de la misma categoría y el mismo organismo, tras vencer por puntos el pasado 19 de junio en la ciudad bonaerense de General Villegas a la colombiana Dary Esther Pardo Cotera, la argentina Mónica Silvina Acosta salió a declarar en tono desafiante: "Si hay alguna uruguaya que se fue a Sevilla y perdió su silla, y quiere este cinturón que venga y se lo gane".

Probablemente, la pampeana no conozca ni por fotos a Namus; pero, seguramente, alguien "le dio letra", y "La Gata" va a desafiar a "Chris" de inmediato, si el próximo 8 de agosto la invicta compatriota vence a la colombiana Marina Andrea Miranda y también se consgagra campeona.

Es que detrás de la coreografía que ilustra el escenario del resucitado boxeo uruguayo hay un trasfondo de disputas empresariales con ramificaciones en el plano del pugilismo regional, que es el que explica "salidas" como la de la boxeadora argentina que, por tratarse de la campeona mundial y mirar hacia quienes todavía están abajo suyo, en lugar de apuntar para arriba, pueden parecer realmente sorpresivas.

Esa trastienda, incluso, es de relativa larga data. No tiene tres días. Si acaso, el primer round de rivalidades, pugnas de poder, por intereses económicos y litigios, es la demanda por daños y perjuicios que Antonio Canedo le hizo a "Chris" Namus, por un monto de $ 8.000.000, alegando el incumplimiento de un contrato por el cual el formador y primer entrenador de la boxeadora debía recibir el 25% de todas las ganancias que tuviera la pugilista, quien "cambió de manos" y pasó a ser manejada por los promotores Sebastián Amaya y Juan María Vanrell -y dirigida por Ramón Barrero- cuando se aprestaba a debutar en el profesionalismo el 18 de mayo de 2007.

El segundo round, tal vez, fue el protagonizado otra vez por la entonces campeona mundial Sub 21 de peso superligero de la Asociación Internacional de Boxeo Femenino, cuando en abril de 2009, anunció su desvinculación de Amaya y Vanrell, quienes le habían conseguido la pelea por el título mundial de peso superligero del Consejo Mundial de Boxeo ante la colombiana Liliana Palmera, que estaba pactada para el 16 de mayo pasado y, por la citada ruptura, quedó suspendida de repente.

El tercer asalto comenzó cuando, ya lejos del ring, Amaya y Vanrell "contragolpearon" y no sólo pidieron el retiro de la licencia de boxeadora de Namus ante la Comisión Nacional de Boxeo, que no convalidó el pedido, sino que llevaron el caso a la Justicia, donde alegaron el incumplimiento de contrato por parte de la pugilista y le entablaron una demanda de 320.000 dólares por daños y perjuicios.

Para el cuarto round, Sebastián Revetria y el Dr. Wilson Golomar, que aparecieron en escena, primero en calidad de asesores y luego como representantes de Namus, capitalizaron la relación que ocasionalmente había entablado la boxeadora con la argentina Marcela Acuña, no sólo para salir del encierro contra las cuerdas en el que se encontraba la uruguaya al no tener posibilidades de trabajar con exigencia en Montevideo, y consiguieron meter un "uno-dos" que causó sorpresa: "Chris" empezó a entrenar por lapsos de 10 días en Buenos Aires, en el campamento de "La Tigresa", y también consiguió la venia del representante de la formoseña, que es el reconocido empresario argentino Osvaldo Rivero, para que la mencionada "asociación de trabajo" se produjera.

En el quinto round hubo intercambio de "golpes" rápidos, más que de carácter ofensivo, a modo de respuesta: como Amaya y Vanrell se quedaron con un lote de boxeadores locales -Rafael Sosa Pintos, Richard Vidal, Cristian Torres, etc.- pero sin Namus, que era la máxima exponente para programar veladas que atrajeran a grandes concurrencias, pese a que habían trabajado junto a Osvaldo Rivero, fundamentalmente en la proyección internacional de Caril Herrera, y teniendo en cuenta que en ese momento el vínculo no era tan estrecho como anteriormente, se asociaron con Mario Arano -que es el tradicional rival a nivel empresarial que tiene Rivero- y, apoyándose en los grandes contactos que el promotor argentino posee a nivel mundial, al extremo de que es el representante de Golden Boys Promotions -la empresa de Oscar De la Hoya- para toda Latinoamérica, organizaron la velada del 16 de mayo en el Palacio Peñarol, que fue televisada en directo por HBO Plus para 42 países de los cinco continentes, y en la que el argentino Héctor "Tigre" Valdivia disputó el título de campeón Fedelatin de peso welter de la Asociación Mundial de Boxeo ante el colombiano William Morelo.

El sexto round transcurrió en forma casi paralela al quinto: Rivero, que en un principio expuso cierta indiferencia la idea de que Namus trabajara con Acuña, y fuera entrenada por Ramón Chaparro, que es el técnico y marido de "La Tigresa", al enterarse que Amaya y Vanrell -al que lo une un vínculo hasta familiar- estaban trabajando "codo a codo" con Arano, con quien se odian mutuamente, reaccionó como aquel que dice: "Aaahh, ¿si? Ahora te arreglo…" Entonces, no sólo abrió las puertas del grupo de trabajo de Acuña para Namus, sino que hasta vino a Montevideo a sellar el nuevo relacionamiento en un almuerzo celebrado en una de las mesas que el restaurante "Nuevo García" tiene sobre la Avda. Arocena.

En el séptimo asalto, continuando con la estrategia desplegada en el anterior, Rivero asistió al Congreso del Consejo Mundial de Boxeo que se llevó a cabo en Cancún y allí, con sus extraordinarias influencias, consiguió que Christian Namus tenga la chance de pelear por el título mundial interino de peso superligero del mencionado organismo ante la colombiana María Andrea Miranda, en una velada que Revetria y Golomar ahora tienen programada para el próximo 8 de agosto en el Palacio Cr. Gastón Güelfi.

Para el octavo round, vino el "contragolpe" de Amaya y Vanrell, que relanzaron su posicionamiento empresarial en el ámbito local organizando la primera pelea en la historia del boxeo uruguayo por un título nacional entre mujeres, que la canaria Stefani Bizquiazo y la salteña Soledad Macedo protagonizaron anoche en el club San Isidro de Las Piedras.

Así, entonces, se llegó al noveno asalto: el empresario fernandino Nicolás Barrales argumentó que hay un contrato aún vigente que acredita su condición de manager de la pedrense -que, a su vez, hace un tiempo había presentado una impugnación de su vínculo con Barrales en la Comisión Nacional de Boxeo- y realizó un reclamo ante las autoridades competentes para que se prohibiera la realización del combate que Bizquiazo protagonizó anoche en Las Piedras y ya anunció que presentará una demanda civil contra Amaya y Vanrell, que sólo estaba a la espera de la culminación de la feria judicial del mes corriente.

El décimo round, pues, está por venir y empezará cuando Acosta desafíe a Namus, si "Chris" es campeona mundial interina, por más que a la campeona mundial absoluta ese título no le interese y le apunte sólo porque alguien "le dio letra".

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