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LUTO

Murió Dick Fosbury, el hombre que cambió para siempre al atletismo al darle la espalda a la barra de salto

Patentó una nueva forma de salto que persiste hasta hoy y con la que conquistó la medalla dorada en los Juegos Olímpicos de México 68; murió a los 76 años en su casa de Idaho.

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Dick Fosbury y un salto que lo llevaría a la gloria, en los Juegos Olímpicos de México 68, donde conquistó la medalla dorada.
Dick Fosbury y un salto que lo llevaría a la gloria, en los Juegos Olímpicos de México 68, donde conquistó la medalla dorada.
Foto: La Nación/GDA.

Por La Nación/GDA
A Richard Douglas Fosbury no lo convencían los modos que existían para esquivar la barra de salto y caer en las colchonetas convencido de que estaba en lo correcto. Las técnicas tradicionales del salto en alto eran como un obstáculo para sus ambiciones, mientras concurría a la Medford High School, en su Oregon natal. Dick Fosbury, como allí lo llamaban, comenzó a experimentar y buscar algo nuevo para desarrollar. No imaginaba ese joven de 16 años que esa búsqueda se transformaría en una técnica que revolucionaría la historia del atletismo. A tal punto que el salto hacia atrás, de espaldas a la barra, fue tomado con los años como el estilo con el que se irían rompiendo todas las marcas. El fosbury flop, como se lo bautizó luego, es hoy la marca registrada del salto en alto. Y todo gracias al inquieto Dick Fosbury, que murió el domingo en su casa de Ketchum, Idaho. El 6 de marzo había cumplido 76 años. Su gran hito fue la medalla dorada en salto en alto lograda en los Juegos Olímpicos de México 68.

Según confirmó en su cuenta de Instagram su exagente, Ray Schulte, Fosbury murió mientras dormía, víctima de una recidiva de un linfoma que se le diagnosticó en 2008. “Con gran pesar tengo que comunicar la noticia de que mi viejo amigo y cliente Dick Fosbury falleció pacíficamente mientras dormía la madrugada del domingo, tras un breve combate contra una recidiva de linfoma”, escribió Schulte.

“Sabía que tenía que cambiar la posición de mi cuerpo y eso fue lo que inició primero la revolución y, durante los dos años siguientes, la evolución”, explicó con los años Fosbury sobre la técnica que comenzó a desarrollar durante la escuela secundaria, y que le valió más de una lesión, ya que los implementos acolchados para caer no estaban preparados para absorber los golpes en la espalda. Sin embargo, con el apoyo de sus profesores, continuó profundizando ese estilo. El mote de fosbury flop llegó a partir de una nota del Medford Mail-Tribune, en 1964, cuando acompañó una imagen de su salto con el título “Fosbury Flops Over Bar”, en una nota en la que el periodista describió el movimiento de Fosbury como el de “un pez revolcándose en un bote”.

Aquel joven de Oregon fue tan perseverante que tuvo su recompensa enseguida. En 1968, un lustro después de haber comenzado con su nueva técnica, con apenas 21 años, llamó la atención del mundo al conquistar la medalla dorada en los Juegos Olímpicos de México, donde además estableció un nuevo récord, de 2,24 metros, en una final que duró más de cuatro horas.

México 68, su obra cumbre

En una entrevista de 2012 con el diario inglés The Guardian, Fosbury contó los pesares que sobrevinieron luego de la gloria olímpica. “Fue demasiado. Yo era un niño de un pueblo pequeño que hizo algo mucho más allá de lo que esperaba hacer. Me gustó la atención, pero en un punto quería que terminara. Hubo demasiada atención. La gente me puso en un pedestal y me mantuvo allí. No quería estar en un pedestal. Recibí mi medalla y quería volver a la pista con todos los demás”.

Sin embargo, también destacó el lado bueno que le otorgó el oro: “Cambió mi vida. Me trajo regalos, no necesariamente monetarios. He conocido a presidentes y reyes, he visto el mundo y he compartido mi vida con gente maravillosa”.

Una vez retirado del atletismo, Fosbury se dedicó a su profesión, de ingeniero de caminos, y también siguió vinculado al deporte. Fue un apasionado del snowboard y de la bicicleta de montaña. Asímismo, desarrolló una actividad profunda en el plano social y político, siempre afiliado a movimientos en favor de los que menos tienen. Fue un gran luchador contra el racismo e integró el Partido Demócrata, con el que intentó -sin éxito- llegar al Congreso de los Estados Unidos.

En la publicación realizada en su red social, su amigo Ray Schulte informó: “A la leyenda del atletismo le sobreviven su esposa Robin Tomasi, su hijo Erich Fosbury y sus hijastras Stephanie Thomas-Phipps, de Hailey, Idaho, y Kristin Thompson”.

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