El duro camino a primera

Los clubes buscan fortalecer sus inferiores y para ello trabajan, pero les falta recorrer un largo trayecto

JOSÉ GALLO

"Caminante no hay camino, se hace camino al andar". La letra del famoso poema de Antonio Machado puede aplicarse a muchas situaciones cotidianas, pero no dice toda la verdad sobre las divisiones juveniles del fútbol uruguayo.

Hay camino. Lo marcaron hace varios años ya Defensor, Danubio, Nacional y Peñarol. Tal vez difiera de los proyectos de antaño, pero se acompasaron de la mejor manera a los tiempos que corren y se transformaron en los cimientos sobre los que se edificó el bienestar de esas instituciones (en especial de violetas y franjeados) a fines del siglo XX y lo que va del XXI.

Varias instituciones buscan en estos días seguir la huella de los pioneros y, a pesar de las dificultades propias de cada camino, lograron dar pasos en pos de una mejoría general de los juveniles, lo que, en un fútbol que basa su salud económica casi exclusivamente en la venta de futbolistas, se transforme algún día en una revitalización de las alicaídas arcas. Para ello sortean en grupo o individualmente obstáculos y van consiguiendo pequeños triunfos.

El primero que alcanzaron la totalidad de las instituciones de Primera División pasa por la asistencia médicas para sus promesas.

Diversos convenios realizados con mutualistas privadas ofrecen cobertura en caso de enfermedad o lesión a todos los jóvenes futbolistas. Aquí yace la primera prueba de que el trabajo, en algunos casos, se tomó muy en serio.

Estos acuerdos no son colectivos y, si bien la Asociación Uruguaya de Fútbol tuvo mucho que ver en varios de ellos, las instituciones los acordaron de manera individual con las sociedades médicas.

Otro punto en el que se mueven muy similares es en la de las prácticas, ya que, a pesar de las diferencias físicas, todos entrenan toda la semana. Las ventajas están en la carga de entrenamiento y la alimentación que tienen algunos equipos respecto al resto.

Luego comienzan, de a poco, las diferencias y las primeras se ven en la parte educativa. Los clubes de primera buscan fomentar que los jugadores estudien, pero los niveles de cada "intento" varían.

El de mejor proyecto en la actualidad es Liverpool, Los presididos por José Luis Palma brindan clases de inglés e informática en la sede a todos aquellos jugadores que quieran hacerlo. También se mueve en ese ámbito Wanderers, aunque los bohemios lo hacen a través de instituciones particulares con las que tienen convenios.

Obviamente, las principales diferencias aparecen cuando el dinero más importa, a la hora de brindar complejos vitamínicos, alimentos o pagar viáticos o sueldos.

La mayoría de las instituciones llega a un mínimo en las divisiones más bajas que incluye viáticos de transporte. Algunas llegan un poco más allá y brindan canastas de alimentos, viáticos de comida o vitaminas. Se apunta a mejorar el estado de aquellos jugadores que más lo necesitan, pero el número de beneficiados se amplía en instituciones como Danubio, Wanderers, Defensor o los grandes.

Sin embargo, las diferencias no sólo se notan entre los clubes más poderosos con el resto, sino dentro de los mismos clubes. El punto es que los equipos negocian de manera individual con cada futbolista y algunos, por su mayor capacidad o su mejor poder de persuasión, consiguen algunas ventajas respecto al resto, en especial en la parte económica. Aún así, la mayoría de las instituciones comienza a abonar sueldos a partir de la Tercera División, cuando los jugadores firman contratos con el club.

La diferencia la marcan los grandes (pagan en Quinta), River Plate (Cuarta) y Danubio, que, tras lo sucedido en Peñarol con Carlos Bueno y Cristian Rodríguez, decidió firmarle contrato a casi 50 futbolistas de sus inferiores.

Se necesita más apoyo y más trabajo. Lo dicen los jugadores, lo comentan los padres y lo saben los directivos. Problemas económicos, de infraestructura o de "mentalidad uruguaya" impidieron hasta ahora un mayor crecimiento las "canteras", pero el camino que antes transitaban unos pocos y que fueron haciendo al andar hoy ve como todos, a su propio ritmo, lo intentan atravesar.

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