Diego Lamas
El circuito de la dinastía Grimaldi ofreció ayer con la Fórmula Uno un gran espectáculo, pleno de emoción, suspenso y... ¡cambios! En el embudo romántico que se enrosca en su trazado, la grilla de partida adelantaba algo a cuenta de mayor cantidad. Trulli y su misil francés mostraron siempre la punta, mientras que Bar-Honda a manos de Button y su socio japonés exhibían que son pretendientes a más podios que lleven, dentro de algún tiempo, al trono.
A sólo 5 minutos de la luz verde Sato, el samurai de la largada, ponía en órbita su motor y causaba una carambola por demás afortunada. Esto y el rol del túnel, que ayer fue verdaderamente oscuro, fueron puntos de inflexión muy marcados. Allí quedaron, con poco de diferencia, un Schumacher y su Ferrari y antes un Alonso, pasado de ímpetu.
Y mientras el italiano de Renault y en inglés del Bar bajaban y trepaban, McLaren sólo seguía en picada y Williams no adelantaba. No hubo que hacer nada contra el aburrimiento. Los acordes del himno italiano se acercaban, vuelta a vuelta. Y la Marsellesa se oiría con un equipo casi todo francés. La primera victoria de un piloto italiano en 22 años y las dos horas de TV en directo hacen creer que pueden haberse insinuado cambios, pero sólo se reafirmará (o no) dentro de 7 días en el Gran Premio de Europa. Lo del título: ¿bisagra o paréntesis?