¡Manolo... cerrá y vamos!

Peñarol, que juega con Wanderers el primer partido con algún grado de dificultad por el Apertura dio cuenta de los Pumas de México, los que no dijeron ni "miau" a lo largo de todo el partido, y en donde lo más vistoso fue su técnico Hugo Sánchez quien llegó hasta a revolear su saco en señal de desaprobación por la tarea del juez del partido, el conocido don Epifanio, quien si no fuera paraguayo no arbitraría ni un partido en el barrio.

Los atigrados peñaroles le pasaron de largo a los temibles pumas quienes no fueron más que dulces gatitos. Ni Cruz Azul ni la UNAM, en estas sus visitas por casa, fueron ni sombra del fútbol mexicano que siempre complicó a los equipos uruguayos. Dejaron su alma en México. Pero al margen de los aztecas, Peñarol ganó con total justicia, aunque bueno es señalar, sin hacer ninguna demostración esplendorosa. Simplemente hizo lo que tenía que hacer: ganar para seguir en carrera. Tuvo sus momentos de destaque cuando combinaron bien por bajo y en corto los más hábiles, llámense Canobbio, Estoyanoff, Pacheco, Turcios y el mismo Cedrés, aunque todo fue muy breve y pasajero.

El número once pareció ser el mejor delantero a pesar de errar dos goles en posiciones inmejorables lo que le hubiera dado a Peñarol temprana tranquilidad y desahogo en el saldo de goles; después poco de Pacheco, poco de Canobbio y sin duda la experiencia y maña de Cedrés abrieron el camino para el primer gol cuando saltando desacomodó al contrario y dejó la pelota "boyando" para que Pacheco revolviera y Estoyanoff la metiera en el arco. Lo de la UNAM fue tan endeble que a los aurinegros les bastó y sobró con el dúo Rotundo-Césaro y alguna ayuda de Fajardo en el medio y Bizera con De Souza atrás, este en el mejor partido que ha jugado en lo que va de este año mientras el arquero Elduayen miró el partido desde adentro. Fue un justo ganador pero de ahí a que jugó en forma espectacular media un abismo, salvo que quien esto opina haya visto otro partido. Ahora tiene que ganarle al Bolívar, cosa probable ya que aquí la altura no le dará la mano a los visitantes y se supone que el equipo compatriota, de a poco seguirá mejorando como conjunto, e incluso jugando a más velocidad que lo visto hasta ahora para crear más sorpresas, no repetirse tanto, ajustar las definiciones y no depender de un gol de revoltijo y otro de tiro libre al área por más que valgan todos igual. Si los tambores que resonaron tan fuerte con la actuación última de Fénix, marcando el nuevo orden del fútbol uruguayo son ciertos, entonces al viejo carbonero todavía le falta un rato. Ahora si la cosa no es tocar el bombo y sí razonar sensatamente, podría decirse que con algunos ajustes y sin perder la identidad futbolística del club, Peñarol a pesar de estar obligado a ganar alguno de los partidos como visitante, tiene posibilidades de seguir adelante. Pero muchos tendrán que ponerse de acuerdo; lo de los aurinegros no tuvo nada que ver con lo de Fénix. La pregunta surge sola ¿Quién tiene la verdad?... La verdad la tiene el que gana y en esta fecha ganaron los tres equipos uruguayos, cada uno a su manera y no todos brillantemente. Ni Peñarol ni Nacional jugaron como Fénix en el segundo tiempo contra Cruz Azul y si los de Capurro son los augures de la nueva época, habría que opinar que a los equipos grandes le queda poca vida en la Copa y que los del ave tienen un futuro brillante en el torneo. Es ser o no ser y habrá que definirse. No se puede estar bien con Dios y con el Diablo. Cuando pierden están atrasados y cuando los mismos ganan se transforman en genios que exudan la clase que una semana antes les faltaba... ¡Manolo... cerrá y vamos...!

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