El gran debate que vive el golf: desde el dinero a cómo los jugadores se siguen preparando por los majors

Tras la llegada de la LIV, el deporte cambió por completo con la posibilidad de socavar el PGA Tour, pero ya pasó el tiempo y ahora hay otra discusión en el medio.

Golf.
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Hubo un momento en que parecía que el golf había cambiado para siempre. La compra de pases de jugadores superaban las decenas de millones de dólares. Los jugadores abandonaban el PGA Tour casi de un día al otro. Las conferencias hablaban más de fondos soberanos e inyecciones de capital que de trofeos. El dinero ocupaba el centro.

Hoy, apenas cuatro años después del nacimiento de LIV Golf, la sensación es distinta. El deporte parece estar regresando al lugar donde siempre perteneció, con cambios y más dinero para los mejores jugadores, pero sin esa locura y codicia que manejó la agenda durante dos años y medio.

Las últimas semanas dejaron señales difíciles de ignorar. La incertidumbre sobre el futuro de algunos eventos del circuito saudí, las conversaciones sobre nuevas inversiones y la posibilidad de reestructurar el calendario muestran que ni siquiera un respaldo financiero ilimitado garantizan el éxito deportivo. Porque el golf nunca fue solamente un negocio.

Los grandes eventos del PGA Tour o mismo los campeonatos mayores sin escenarios construidos durante décadas, no mediante contratos sino mediante historias increíbles y grandes figuras que siempre buscaron entrar en la eternidad de uno de los deportes más apasionantes del mundo. Ese es el gran descubrimiento que está haciendo una nueva generación de ejecutivos. El prestigio necesita tiempo. Y el tiempo no cotiza en bolsa.

Ahora, algunos jugadores que protagonizaron la revolución hablan menos del dinero y más de los Majors. Bryson DeChambeau se enfoca en los grandes, Jon Rahm reconoce que mide sus temporadas por los cuatro grandes. Brooks Koepka jamás ocultó que toda su preparación gira alrededor de esas cuatro semanas del año y a pesar de haber vuelto al PGA son esos eventos los que marcan su agenda.

Hay una explicación sencilla y es que el amante del golf, busca ver historia y evidentemente el LIV no ha captado la atención de nadie, sus ratings son bajísimos a pesar de tener a varios de los jugadores que han marcado la agenda en los campeonatos mayores. Es ahí donde nacen las historias de los héroes de los jóvenes.

El golf es el deporte que más vive de sus relatos: Ben Hogan regresando después de un accidente de auto que podría haberle costado la vida, Jack Nicklaus ganando el Masters con 46 años, Tom Watson rozando el milagro en Turnberry a los 59, Tiger Woods conquistando Augusta en 2019 después de que muchos creyeran terminada su carrera. Estos por nombrar solamente a algunos.

El PGA Tour también entendió que debía cambiar. Llegaron bolsas más importantes, eventos exclusivos y un nuevo liderazgo con Brian Rolapp al frente de una organización que intenta modernizarse sin perder su esencia. La guerra, que parecía absoluta hace dos años, hoy se asemeja más a una negociación donde el PGA Tour lleva todas las de ganar.

LIV obligó al PGA Tour a evolucionar, mejoró las ganancias de los jugadores y rompió estructuras que parecían intocables pero también dejó una enseñanza. El dinero puede atraer a los mejores golfistas, pero lo que no se compra es el rating, la historia y el legado que los aficionados buscan ver cómo se construyen.

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