EDWARD PIÑÓN
Nacional siempre se destacó por dominar y apabullar a sus rivales. Peñarol, en cambio, fue el verdugo que liquidaba a sus oponentes en la última bocanada de aire.
Hoy, en estos tiempos que corren, a los manyas les dan ese mismo golpe mortal que llevó a inmortalizar la frase "a lo Peñarol". A los bolsos, en tanto, los hacen bailar con los mismos compases que convirtieron a sus hinchas en degustadores del mejor fútbol.
¿Dónde habrán quedado aquellos estilos? ¿Qué habrá pasado para que la historia cambiara radicalmente?
Y no se trata sólo de los actuales nombres, porque ya en la temporada pasada el aurinegro sufrió la agonía de morir en la orilla, de la misma manera que el tricolor ganó encuentros con una fórmula que no llena los críticos ojos de sus fanáticos: la del meter y meter.
A lo mejor los grandes ya no son tan grandes, como suelen aseverar algunos aficionados de los equipos menores. O, por lo menos, perdieron el emblema y ya no infunden tanto respeto.
Quizás la historia nace en las inferiores, donde los muchachos de Danubio, Defensor Sporting, River Plate, Liverpool y Wanderers, por nombrar a algunos, se acostumbran a poner de rodillas a los tricolores y carboneros.
Sea como sea, a los grandes se les destiñe la camiseta muy a menudo.