JORGE SAVIA
Se ve una luz en el horizonte, a lo lejos. Tenue. No por los dos triunfos seguidos. Y menos aún por la vía que Peñarol logró el de ayer: con un centro y de cabeza.
Sin embargo, el haz de claridad, parece insinuarse en el futuro aurinegro, como una linterna que marca el camino a seguir, pase lo que pase, venga lo que venga, con el apego a una idea.
Ayer el cuadro de Matosas probó vulnerar a Frascarelli manejando siempre la misma herramienta: con tres duplas repartidas en mediocampo, tres cuartos de cancha y ataque, por delante de 4 zagueros; con Mozzo como "5" y Díaz, Pacheco y Pezzolano unos metros más al frente; y, ya al final, con una línea de 3 atrás y, el "Piojo" Pérez, Moreno y Bruschi (a lo último Correa) en la delantera, Peñarol buscó constantemente por abajo, tocando por adentro para tratar de llegar por afuera. Fiel a su libreto, por más urgencia que tuviera.
Es cierto. El gol no llegó de esa forma, pero sí la jugada previa. De ahí, entonces, que parezca verse una luz en el horizonte. Tenue. A lo lejos. Con la claridad de un mensaje: este Peñarol está dispuesto a vivir o morir con las botas puestas.