Eduardo "Lalo" Fernandez
Es norma en los campeonatos del mundo que aquellas entradas de prensa que por cualquier causa no se retiren en tiempo sean repartidas entre aquellos periodistas que acreditados no han podido acceder a ellas por razones de cupo.
Tal procedimiento no podía ser la excepción aquí en Alemania pero fue hecho con tan poco cuidado que se transformó en un verdadero pandemonium.
En el país de la organización y la prolijidad los organizadores pisaron en falso. Una centena de periodistas ante el anuncio que a las 8 p.m. se repartirían las entradas sobrantes se apeñuscaron contra el endeble mostrador tras el cual 3 ó 4 voluntarias trataban, entre forzadas sonrisas, de explicar la situación a cada vez más inquietos representantes del cuarto poder.
A las 8 en punto -faltaba más- un representante de la organización a voz en cuello empezó a nombrar a los medios agraciados según un orden por ellos establecido y que no es del caso poner en tela de juicio.
Como cada uno estaba donde podía al sentirse nombrado pegaba un alarido de identificación y a brazo partido llegaba a recibir la casi dorada presea.
Y así seguía la ceremonia entre empujones, malhumores y gestos angustiados, casi implorantes con los ojos fuera de orbitas.
Lisa y llanamente lamentable.
Con un brazo extendido mostrando su acreditación daban la sensación de no saber qué estaban haciendo, que esa gente pedía una ayudita por el amor de Dios.
El procedimiento era caótico pero aún empeoró cuando en vez de llamar por medio de prensa se prefirió nombrar a los países de origen de los periodistas.
Por cada país aparecían dos, tres o cuatro pedidos, lo que hacía todo más entreverado.
Hasta que se terminaron los tickets, los menos fueron corriendo a la tribuna y los más a ver el partido Brasil-Croacia por televisión.
Pero si todo fue caótico por no haberse ordenado las cosas, lo más triste fue el espectáculo brindado por quienes supuestamente deben tener determinado nivel. Fue una especie de lucha por la entrada en donde blancos, negros, amarillos o colorados se entremezclaron a empujones y manotazos.
El error es de la organización que en este campeonato otorgó menos lugares a la prensa vaya a saberse porqué.
Quizás porque los estadios son más pequeños o porque a menos lugares de prensa más de pagantes.
Pero sin entrar a buscar el motivo lo visto fue único en once mundiales transitados por este mortal. Un mamarracho.