ENFOQUE | EDWARD PIÑON
Si a Víctor Púa le dan la posibilidad de asumir nuevamente el control de las selecciones juveniles uruguayas —en esta tierra increíblemente acostumbrada a dejar en el olvido a jugadores y técnicos por supuestas equivocaciones— se estará realizando un acto de justicia y reconocimiento.
El "Gordo", que no es ni se hace, no mereció irse por la puerta del fondo. Se pudo equivocar, como cualquiera, pero le dio grandes cosas al fútbol uruguayo. Y entre ellas nada más y nada menos que buenas generaciones de jugadores.
Hay que tener buena memoria y recordar que Púa consiguió armar selecciones con las migajas que le daban los clubes, como en aquella Copa América de Colombia 2001, cuando llegó como pudo y terminó entre los cuatro primeros. Púa supo dejar siempre bien parado al fútbol celeste y sólo por eso se merece la segunda oportunidad.
Ojalá que así sea y que no se utilicen su nombre y después lo guarden en un cajón.