EDWARD PIÑÓN
Todavía está presente la emoción que generó su ingreso a los Juegos Olímpicos de Sydney 2000, porque consiguió su clasificación en la última prueba que la Federación Internacional de Natación avalaba para tal acontecimiento. Hoy, cuando pasaron siete años y Francisco Picasso comienza a pensar más en lo que hará con su vida que en conquistar récords o campeonatos es reconfortante ver que su valor en el agua sigue vigente.
Con su clasificación a los Juegos Olímpicos del 2008 "Pancho" se convirtió en un ejemplo más del milagroso deporte uruguayo. Ese que sobrevive porque hay deportistas de temple y gente atrás que los impulsa.
A lo mejor Picasso no puede "pintar" en el agua de Beijing como lo hizo en los Campeonatos Nacionales de Estados Unidos y quizás pase desapercibido entre todos los nombres de la natación mundial que asistirán a las competencias de China, pero en Uruguay su nombre quedará grabado a fuego. Como antes lo hicieron Javier Golovchenco, Erika Graf, Serrana Fernández o Carlos Scanavino, por nombrar algunos, Picasso demostró que una simple meta puede convertirse en algo grande.
Bajar una marca, lograr una clasificación tiene un inmenso valor. Quizás no reporte una medalla de oro en el cuello, pero sí el aplauso de quien sabe valorarlo.