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Pasión intransferible: tres hinchas que vieron a su club llegar a la gloria, sufrir la desafiliación y renacer

Bella Vista, Huracán Buceo y El Tanque Sisley supieron hacer historia a nivel deportivo y también fracasar. En ambos casos, Gonzalo Reboledo, Martín Marius y Gonzalo Trabal estuvieron acompañando. Conocé sus relatos.

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Gonzalo Reboledo, Gonzalo Trabal y Martín Marius mostrando su fanatismo por Bella Vista, El Tanque Sisley y Huracán Buceo, respectivamente.
Gonzalo Reboledo, Gonzalo Trabal y Martín Marius mostrando su fanatismo por Bella Vista, El Tanque Sisley y Huracán Buceo, respectivamente.
Fotos: Lucía Martí Pastre, Francisco Flores y Federico Curley.

Supieron ser clubes históricos por grandes conquistas a pulmón y también desafiliarse a causa de las deudas. Sin embargo, ni siquiera eso los sacó de la memoria de sus hinchas. En cada rincón futbolero del hogar, en cada recorte de diario papel o en ese añejo carnet de socio vive el recuerdo del lugar donde se gestó la pasión por Bella Vista, El Tanque Sisley y Huracán Buceo.

Gonzalo Reboledo, hincha de Bella Vista desde su crianza en Cerro Chato, vio campeón uruguayo al club de sus amores en 1990, y también sufrió cuando el equipo no tuvo otra opción que dejar de competir.
“Bella Vista en mi vida es la pasión por el fútbol. Es el culto a un ritual que me gusta tener. Es como el mate a la mañana, cuando no lo tenés te das cuenta de cuánto te falta y se extraña mucho”, inició en tono emotivo. E insistió: “Y te lo digo con propiedad porque estuve lejos del club varios años”. El Papal dejó de estar afiliado a la AUF en 2013 hasta que en 2017 volvió a competir en la Segunda Divisional Amateur.

Reboledo, exsecretario general de la institución, entiende que en los cuadros chicos eso de salir campeón constituye la excepción y no la regla. Y que no es una actividad de la que se obtenga rédito económico. La motivación, según cuenta, pasa por otro lado: “Hay un cúmulo de emociones y de vivencias que te da el alambrado, la tribuna, la cercanía con la institución y con los técnicos que se construye cada domingo. No hay un vínculo solamente a través de la victoria o de la gloria, sino a través del sentido de pertenencia, y eso no está solamente relacionado al éxito o al fracaso deportivo”.

En la memoria colectiva de los hinchas del Papal está el campeonato de 1990, que Reboledo siguió con su grupo de amigos durante todo el año. Pero se le infla el pecho al hablar de su hijo, que sin ver campeón a Bella Vista es fanático. ¿La razón? El tiempo compartido con el plantel por el rol de su padre en el club. Tuvieron una concentración en Río Negro con el equipo de Julio Ribas y un diálogo con Diego Alonso, por entonces jugador. “Mi hijo tuvo charlas con él y después lo vio en la selección, entonces todas esas cosas te dan un sentido de pertenencia”.

Gonzalo Reboledo alentando a Bella Vista.
Gonzalo Reboledo alentando a Bella Vista.
Foto: Lucía Martí Pastre.

Fueron años de ir a la cancha cada fin de semana. De celebrar cada victoria en el Nasazzi comiendo con su hijo en el carrito Lucas. Esa era la cábala. Pero un día se terminó. No porque hayan perdido un partido, sino porque directamente no pudieron competir más a raíz de la crisis del club. ¿Y qué pasó entonces con ese sentido de pertenencia? “Ahí tuve dos momentos muy complicados: el primero fue asumir que perdí, y que perdimos. Y la segunda fue enfrentar a la asamblea y decirles: 'Muchachos, tenemos que bajar la cortina, se desafilia el club'. Para mí lo peor desde lo futbolístico era descender. Y es abismal la diferencia entre descender a la B y que tu club no juegue”.

Ese dolor es conocido por Gonzalo Trabal, hincha de El Tanque Sisley que tuvo varios roles dentro de la directiva del club como vicepresidente y tesorero. “Lo sufría mal el tema del descenso. Te decía de memoria la tabla. Era un estrés absoluto. Es muy lindo, pero si no lo sabés manejar es tortuoso y esclavizante”, contó en referencia a cómo estaba pendiente cuando el equipo competía. Su fanatismo lo llevó a ser incondicional. No importaba si era un sábado de verano y estaba en Los Titanes. Dejaba todo y se iba al Parque Roberto para ver a su club ante Racing. “Llegó un momento en el que yo no podía faltar”, reveló.

Y cuando estaba obligado por cuestiones laborales, se las rebuscaba para ver al equipo igual. Cuenta la leyenda que una vez gritó '¡El Tanque nomá!' en pleno shopping tras un gol en la hora ante Nacional. Como resulta difícil sustituir el afecto, que es más bien una cuestión construida y no elegida, surge la interrogante de qué hicieron los hinchas cuando sus clubes dejaron de competir.

Gonzalo Trabal, fanático de El Tanque Sisley.
Gonzalo Trabal, fanático de El Tanque Sisley.
Foto: Francisco Flores.

En el caso de Trabal, su club hace seis años que no está en competencia. “Vivo cerca del estadio y cada tanto voy a ver algún partido de la Divisional C. Aunque esté jugando un equipo o no esté jugando nadie, paso, miro que esté todo en condiciones y sigo”, dijo. Sobre qué siente al hacerlo, detalló: “Un tanto de nostalgia porque nos gustaría estar compitiendo, pero no perdemos la esperanza de volver”.

Gonzalo Trabal muestra camisetas, un escudo, fotos y otros recuerdos relacionados con El Tanque Sisley, el club de sus amores.
Gonzalo Trabal muestra camisetas, un escudo, fotos y otros recuerdos relacionados con El Tanque Sisley, el club de sus amores.
Foto: Francisco Flores.

Luego de tanto tiempo, ¿se les pasó por la cabeza hacerse de otro club? “No, no, no. A mí no”, respondió Trabal como queriendo asegurarse de que se entendiera su mensaje. Y reveló que los vínculos con Peñarol y Nacional estaban al alcance de la mano por cuestiones familiares y de personas cercanas, pero los desestimó.

La historia de Martín Marius tiene al fanatismo como bandera. Desde hace 34 años, los mismos que tiene, vive en el Buceo y es hincha de Huracán, el club del barrio. Su historia con el club comenzó con el ascenso de 1995 y se afianzó en la adolescencia donde apostó por ese amor sin condiciones. Desde Gibraltar, mientras participaba de la entrevista, contaba orgulloso que había llevado una camiseta de su equipo.

Martín Marius con la camiseta de Huracán Buceo en su hombro y el preparador físico del club observando un entrenamiento en pleno campo de juego.
Martín Marius con la camiseta de Huracán Buceo en su hombro y el preparador físico del club observando un entrenamiento en pleno campo de juego.
Foto: Federico Curley.

Huracán Buceo jugó su último año en la Segunda División en la temporada 2008-2009 y por problemas económicos debió dejar de competir desde 2009 hasta 2017, año en el que retornó a la denominada “C” junto con Bella Vista. “En esos ocho años nunca me separé de mi sentimiento. No me generó las ganas de hinchar por otro cuadro porque el mío es el mío. Siempre anduve con la remera de Huracán por ahí, con un pegotín en el termo o un mate personalizado con los colores. Si alguien me habla me presento como hincha de Huracán Buceo”, explicó Marius, quien durante todos esos años de ausencia no sustituyó la pasión y extrañó con ahínco a aquellas personas que solo cruzaba en la cancha.

Pero el día que las volvió a cruzar fue especial. “Hubo un partido amistoso en el Nasazzi ante Bella Vista en 2017 y éramos 4.000 o 5.000 hinchas de equipos que volvían que no estaban participando y volvían a la “C”. Seguro que todos reenganchamos una actividad que nos había faltado muchos años”.

Los tres fanáticos comparten el amor intransferible por los colores. Y Reboledo, fiel a la camiseta de Bella Vista, responde con contundencia acerca de si pensó en hacerse de otro club durante el tiempo de desafiliación: “No está en lo racional eso, ¿sabés? Es muy común que a los hinchas de cuadros chicos los de Nacional y Peñarol les digan: 'Sí, ¿pero de qué cuadro sos hincha de verdad?' Sería incapaz de ser hincha de otro equipo”.

Otro punto de contacto entre los dos fanáticos de Bella Vista y Huracán Buceo es el refugio que encontraron los años en los que su club no competía: la Celeste. “En ese momento la selección cobró una importancia que no tenía antes, sustituyó un poco o fue mi forma de canalizar la pasión por ese lado”, confesó Reboledo. Y Marius contó que su manera de expresarse futbolísticamente quedaba reducida a festejar un gol de Uruguay “con todo lo que tenía adentro”.

Para fortuna de Huracán Buceo y Bella Vista, en la actualidad los dos están compitiendo. Uno en la Primera División Amateur y el otro en la Segunda División Profesional, respectivamente. Y El Tanque Sisley, otro histórico, tiene el fútbol en pausa, pero la esperanza intacta de poder retornar (e interesados en invertir en el club) para volcar la pasión en su ámbito de esplendor: la cancha llena de hinchas alentándolo.

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