El paladar racinguista degustó ayer una cerveza con más cuerpo, espumosa, reservada para ocasiones especiales. Era el elixir del campeón, que para probarlo debió esperar más de un siglo de historia. Con la inocencia y desfachatez de cualquier debutante, el equipo de Sayago celebró en familia su primer título profesional en la mesa de los grandes: Primera División.
Y la incógnita ahora es si solo fue el espejismo de un semestre o si la gente del barrio puede acostumbrarse al papel picado y los fuegos artificiales que ayer demoraron el inicio del partido. Si la SAD del Bayern Munich trae tiempos de prosperidad para el humilde club del oeste y este inédito título es apenas el comienzo de algo más grande. Si de verdad, como decía la bandera que ayer colgó de la tribuna popular, “cambiaron la historia para siempre”.
La fiesta del CAMPEÓN 🟢⚪️🏆
— Santiago Vanoli (@santiagovanoli) May 3, 2026
Racing Club de Montevideo festeja el Torneo Apertura 2026, el primer título de su historia en Primera División, junto a toda su gente en el Parque Roberto, en su barrio Sayago. @ovacionuy pic.twitter.com/UdrI9zIYZy
En un soleado pero frío primer domingo de mayo, el Parque Osvaldo Roberto recibió una tarde de fútbol distinta a cualquier otra. El ambiente optimista del estadio empujó al equipo de Cristian Chambián dentro de la cancha y cuando apenas iba un cuarto de hora, una salida defectuosa de la defensa ciudadana terminó en un zapatazo de Martín Ferreira que puso en ventaja al campeón.
Montevideo City Torque fue llamado a arruinar la fiesta del anfitrión y en pocos minutos puso en jaque el invicto de 12 fechas que traía el Cervecero. Tras un pelotazo largo, el jugador más desequilibrante que tuvo Torque aprovechó una salida en falso del arquero Varese y empató el trámite. Nahuel Da Silva controló la pelota entre los zagueros de Racing y, de espaldas al arco, ensayó una pirueta que terminó adentro.
Pocos minutos después, la Escuelita se quedó con un hombre menos: supuesto codazo de Álex Vázquez a Sebastián Cáceres, acción que vio Matonte y que las cámaras no pudieron constatar ni refutar, y que terminó en roja directa. La expulsión despertó gestos de incredulidad en las tribunas, pero sin dramatismo. “Todavía lo podemos ganar, este año tenemos un cuadro con calidad”, transmitió, sereno, un hincha de 78 años a Ovación que, empilchado para la ocasión con una camiseta del plantel campeón, disfrutaba de una tarde que quizás ya no imaginaba presenciar.
Cabe señalar que Marcelo Méndez paró un once alternativo por el partido que Torque jugará el miércoles ante Palestino, clave para seguir puntero del grupo F de la Sudamericana. Pero ayer, su hombre de más en la cancha dejó de notarse en el segundo tiempo.
El ingreso de Yury Oyarzo le dio a Racing la energía que necesitaba para atacar de contragolpe y, además, emparejó el partido porque recibió la falta que derivó en la expulsión de Diogo Guzmán en Torque. Con más empuje que fútbol, los de Chambián fueron por los tres puntos, aunque al final se quedaron con uno.
Las tribunas se vinieron abajo cuando, a poco del final, entró el Rulo Varlea con la cinta de capitán y, una vez que Andrés Matonte pitó el final, levantó el trofeo junto a todos sus compañeros. Con lágrimas en los ojos y las gargantas rojas de cantar un “Dale, campeón” para la historia del barrio, jugadores e hinchas de Racing probaron el sabor de ser campeones y entendieron que nada termina acá.
Porque el que gana una vez siempre quiere más y ahora Racing ya no juega para sorprender: carga con la obligación de defender el saldo positivo que construyó con sudor y que hoy lo posiciona como el gran favorito a ir por todo. Por encima de Peñarol y Nacional, que hoy le miran el número.