EDWARD PIÑÓN
Con la pelota que metió en el ángulo, tras un remate de tiro libre y cuando iban nada más que tres minutos de juego, Antonio Pacheco terminó con el suspenso que podría haber tenido el partido y puso a Peñarol en la lucha por la obtención del campeonato.
La incertidumbre acabó ahí. Porque Bella Vista, que controló el balón, que se movió muy bien de América a Olímpica para alterar el funcionamiento colectivo de los aurinegros, volvió a padecer el mismo drama que había mostrado ante los tricolores: cero fuerza en ataque.
El fútbol de Tancredi, la polenta de Viana y Ferreira, más la movilidad de Icart no fueron suficientes para amenazar con dar dolores de cabeza. Todo terminó en las puertas del área de un Peñarol que se protegió bien y que, además, pese a la soledad en la que quedó Pacheco para generar juego en los primeros 45 minutos, igual demostró ser más agresivo que su oponente.
Teniendo menos la pelota, pero dándole más profundidad a sus incursiones, siempre bajo la batuta del "Tony", Peñarol llegó con Asconeguy por derecha y con Carlos Bueno por todo el frente del ataque.
El gran problema del equipo de Saralegui es que no aprovechó las oportunidades para liquidar el partido y como Bella Vista siguió bien parado, tocando y administrando bien el juego (aún hasta con un hombre de menos), daba para pensar que el resultado podía llegar a complicarse en una pelota quieta o en una jugada fortuita.
A lo mejor por ello, sumado a la escasa generación que tenía el mirasol en la mitad de la cancha, fue que el DT metió los cambios justos. Con Richard Núñez y Maximiliano Lombardi, Peñarol abandonó la pobreza franciscana y empezó a explotar la diferencia numérica en la cancha. Más manejo, sumado a mayor velocidad a la hora de cambiar de ritmo, la cancha se inclinó hacia el arco de Torreira, que dicho sea de paso mostró temple en varias acciones.
Claro que con temple solo no se para a jugadores rápidos e inteligentes. Como sin duda lo es Richard Núñez, quien se quedó quietito para no entrar en posición adelantada en la jugada del segundo gol, lo que le permitió a Lombardi ingresar como una tromba por detrás suyo. Eso, más la impecable definición convirtieron a este tanto en otra joya de enorme valor como la que había logrado Pacheco.
El 2-0 abrochó lo que ya se sabía que iba a pasar tras el tiro libre de Pacheco. Sólo quedaba lugar para algún gol más, lo que aconteció por la gran jugada de Arias y el cabezazo de Bueno.
Con los tres puntos, Peñarol volvió a la lucha por el campeonato. Y está claro que fue Pacheco el que lo puso ahí.
La cifra
539 minutos estuvo el arco de Peñarol sin recibir goles. La racha la cortó el buen jugador Juan J. Tancredi.
La estrella
A. Pacheco
Un golazo, varios pases soberbios y una vez más la manija de Peñarol.