EDWARD PIÑON
Lo pudo ganar Nacional. Porque el triunfo estuvo en los pies de Martín Ligüera y de Sebastián Abreu. Pero también lo pudo ganar Danubio. Porque la victoria le quedó servida al "Nacho" González y a Diego Perrone.
Sin embargo, después de tantas jugadas desperdiciadas, de tanto esfuerzo por desnivelar, el partido terminó en un empate que terminó siendo justo con el vaivén, con el ida y vuelta. Fue un premio a la igualdad de exposiciones. Porque tanto el tricolor como el franjeado ayer parecieron gemelos en sus intenciones de progresar siempre con el balón al ras del césped, procurando que su ataque se produjera con la llegada de muchos hombres y tras una sucesión importante de toques.
La historia se respetó de principio a fin. Y los técnicos no la modificaron ni siquiera cuando el reloj apuraba el desenlace de la historia. Porque, por ejemplo, del lado de Nacional bien que pudo saltar del banco de suplentes Luis Romero para tratar de aportar su "cabeza salvadora".
Pero eso no sucedió. Terminaron jugando de la misma forma que arrancaron. Alternándose en el dominio de las acciones. Convirtiéndose en protagonistas del espectáculo y provocando una tremenda cantidad de jugadas de gol.
Arrancó mejor Nacional. Con una gran producción de Gonzalo Castro e Ignacio La Luz por la izquierda de su ofensiva. Con Oscar Morales y Gustavo Méndez apropiándose de la mitad del terreno y con un Martín Ligüera exquisito a la hora de dar el golpe de billar con sus pases.
Pero como la pelota no se fue a dormir al fondo del arco que defendió Luis Barbat, el tricolor aflojó un poco las revoluciones y Danubio empezó a entrar en ritmo. Y con su toque va, toque viene, se fue arrimando hacia el área de Sebastián Viera.
Ayudado por la postura de los volantes albos, que comenzaron a replegarse para evitar que el toque generara el descalabro, los de la Curva de Maroñas dieron vuelta el trámite y tomaron las riendas. Y ahí también fallaron en la culminación como antes lo habían hecho los tricolores.
Todo igualito. Un calco. Buen juego. Acciones de riesgo, pero nada de pelota contra la red.
Hasta que apareció el hombre. Que no es otro que Abreu. Espectacular centro de Ligüera y el "Loco" la mató de pecho y la colocó contra un palo. Golazo.
El 1-0 llegó casi sobre el final del primer tiempo. Y eso provocó una especie de mini shock en el equipo de Gerardo Pelusso. Pero fue mini, porque rápidamente volvieron a la normalidad. A cambiar ataque por ataque. A ser tan protagonistas como Nacional.
Y aunque el gol de Ignacio Risso llegó por una distracción de la defensa tricolor, la película también pudo encontrar ese final por las fallas que mostró Nacional por su costado derecho. En fin. Los dos hicieron méritos para ganar y ninguno merecía irse derrotado. Por lo expuesto, ganó el fútbol.