Como por arte de magia Daniel Carreño no iba a llegar a Los Céspedes y cambiar rotundamente el juego de Nacional. El plantel es el mismo que tenía Jorge Bava, los problemas y las limitaciones son similares. Por eso, no extrañó lo que se vio anoche en el Gran Parque Central, en el 1-0 de los tricolores contra Progreso por el gol de Maximiliano Silvera a los 89 minutos, y cuando ya era el ganar como sea.
La energía en el estadio de Nacional fue diferente a lo que ocurría en las últimas semanas. No hubo silbidos a los jugadores (los únicos que se escucharon fueron para la jueza Anahí Fernández), hubo aplausos para Carreño y los hinchas respondieron a pesar del día invernal. Hubo 23.300 tricolores que compraron o canjearon su entrada y apoyaron de principio a fin, a pesar de que el resultado no se estaba dando.
Nacional salió a jugar muy arriba en el campo, con determinación e ímpetu, e intentó tirarle la camiseta arriba a un Progreso que ve como pasan las fechas y no puede descontar puntos pensando en la permanencia. El Bolso volvió a equivocar los caminos y a tomar malas decisiones en el último cuarto de la cancha, lo que lo llevó a prácticamente no tener situaciones claras de gol a pesar de tener un 76% de posesión de pelota y seis córners a favor.
Anahí Fernández expulsó correctamente al defensa peruano Marco Saravia, aunque quedó expuesta por la demora en tomar la decisión de sacarle la segunda amarilla. Fue un partido irregular de la jueza, a la que pareció en varios momentos del juego que se le iba de las manos y las protestas de ambos equipos se hicieron sentir, así como la del técnico Tabaré Silva, que calificó de lamentablemente el arbitraje.
Carreño vio las dificultades de su equipo y ya para el segundo tiempo hizo tres variantes con los ingresos de Luciano Boggio (bajísimo rendimiento de Bruno Zuculini), Rodrigo Martínez y Juan Cruz de los Santos. Los dos extremos entraron con ganas de encarar, aunque perdieron más de lo que ganaron. Igualmente ayudaron para volcar totalmente el equipo hacía el campo rival, y cuando el gol no llegaba el DT sacó a un central -que sobraba, porque Progreso no atacaba- para colocar al argentino Rubén Botta.
Nacional buscaba por afuera, buscaba con pases filtrados por el medio (con Boggio y Botta como abanderados), con centros al área (la mayoría de ellos mal ejecutados), y el gol no llegaba, hasta que Martínez tuvo precisión y Silvera anotó en el área chica ante la inoperancia del marcador y del arquero Renzo Bacchia, que no transmitió seguridad.
Los hinchas de Nacional terminaron cantando por el clásico y pidiéndole a los jugadores un triunfo el domingo contra Peñarol "cueste lo que cueste". La energía en el Gran Parque Central fue otra. diferente a la se semanas anteriores: fue positiva. Pero a no engañarse, el tricolor jugó contra el último de la Tabla Anual, con un futbolista más que si rival por una hora y sigue estando en falta. Solo encontró algo de alivio. Ganó y nada más.