SILVIA PEREZ
Juan Ramón Carrasco y su esposa Claudia están esperando mellizas. Las niñas Aimara y Aylin nacerán dentro de unos días. Su llegada no fue planificada sino una casualidad, y el "culpable" de que en lugar de un bebé vinieran dos, es Juan Ramón, dado que en su familia hay antecedentes de embarazos múltiples. Sin ir más lejos, su abuela materna era melliza.
La que está loca de la vida con la llegada de sus nuevas hermanitas es Melanie, la hija de la pareja, de nueve años. La niña está acostumbrada a los hermanos mayores, de hecho tiene cuatro, todos por parte de su padre, pero ahora dejará de ser la más pequeña y podrá "disfrutar" de sus hermanitas.
La vida de la familia ha cambiado mucho en el último año, lapso que coincide con la inactividad de J. R. Un ejemplo: todas las tardes el técnico acompaña a su esposa al supermercado y disfruta de la preparación de la cena.
—Estar sin trabajo parece tener algunas cosas positivas, ¿no?
—Sí, hay muchas cosas que antes no podía hacer. Me levanto temprano y llevo a Melanie a la escuela. Después me paso tres horas en el gimnasio de Suat en el Estadio siguiendo la rutina del profe "Quique" Amarillo. Vuelvo a casa, como algo liviano o tomo mate y duermo una siestita porque como me amasijo en el gimnasio, estoy muerto. De tarde hago los mandados con Claudia, es una rutina que hacemos siempre juntos. Después ella me prepara algo rico para cenar. Como no soy de comer mucho durante el día, ceno bien. Es un momento muy especial del día. Saber que me están preparando algo rico me pone de muy buen humor. Estoy pendiente de lo que prepara con un estado de ánimo especial. Sus tucos son impresionantes, y el puchero, ni te cuento.
—Hace un año que no dirigís, ¿extrañás?
—No pensaba estar un año sin trabajar. Un tiempo es bueno, pero después te entra la ansiedad. Lo que me deja tranquilo es que tuve ofertas, sobre todo de Argentina que hoy por hoy para mí es uno de los medios donde se juega mejor al fútbol. Cada vez que un equipo se queda sin técnico aparece mi nombre. Por el momento no se dieron las condiciones en un 100%, además estoy evaluando otros mercados. En mayo o junio seguramente va a aparecer algo.
—¿De Europa?
—Me gustaría mucho, porque estoy seguro que ahí mi idea futbolística va a caminar, sobre todo por el tema de la disciplina táctica. Lo mío se basa en el trabajo de campo, en enseñar jugadas y en Sudamérica el jugador es muy indisciplinado, está acostumbrado a hacer lo que le nace. Por ejemplo, cuando yo era jugador, nunca tuve un técnico que me enseñara jugadas ofensivas. Decían: "Dénsela a Juan" y a mí me decían: "Hacé lo que te nazca y hacé jugar". Me podían decir que no me entretuviera con la pelota, pero no más que eso. En cambio en Europa el jugador es más robotizado y sistematizado. Lo que le dicen, hace. Por eso creo que voy a andar bien.
—¿Que país de Europa te gustaría?
—España, por el idioma y por el tipo de fútbol, pero no tengo dudas que mi idea puede funcionar en cualquier país europeo. Sobre todo por el tema de las canchas, que son excelentes.
—¿Dirigirías un equipo uruguayo?
—No, por el momento, no. Cuando salís de la selección no podés ir a un club.
—¿Ni siquiera a Nacional?
—Ni siquiera a Nacional. No es el momento. Nacional es un sentimiento, y sé que en algún momento voy a dirigirlo, pero por ahora no.
—¿Es difícil ser el técnico de la selección?
—No, para nada. A mí me dejó una experiencia riquísima y a nivel internacional Uruguay cambió la imagen. Tuvo una imagen espectacular y destacada. En el funcionamiento y en los resultados. Eso demuestra que la idea es buena, y no sólo acá en el medio local. Yo elegía los jugadores con determinadas características, venían, se sentían bien y se adaptaban en poco tiempo. Por eso me da lástima que no me hayan dejado seguir.
—¿Por qué creés que no te dejaron?
—Fueron muchos cambios para un país conservador como este. Y el periodismo tuvo su peso. Está el tema de la soberbia, que me la achacan a mí, pero hay algunos periodistas de peso que son muy soberbios. Esos periodistas están acostumbrados a que los técnicos les dieran determinados privilegios, los escucharan hasta cuando les sugerían algún jugador. Y yo soy igual con todos los periodistas. Así como soy igual con todos los jugadores, lo mismo con los periodistas y eso no cayó bien y empezaron a hacer un trabajo fino. Empezaron a hablar del chicle, de los trajes, de los gestos y de lo de la Sub 23. Dijeron que no iba a los entrenamientos y eso no es cierto. No iba a los regenerativos porque no era necesario y porque estaba ocupado en otras cosas. Fueron juntando y juntando y tiraron en el momento oportuno. Y el momento fue después de la derrota con Venezuela. Cuando me reuní con los dirigentes de la AUF pedí que me dejaran para los partidos con Perú y Colombia porque sabía que podía cambiar las cosas, pero hubo periodistas que en la íntima me dieron para atrás. En ese momento no me di cuenta, pero luego, al mirar hacia atrás y comparar con este otro proceso, entendí que el tratamiento era completamente distinto. Y esto no es clavarle ningún puñal a Fossati. Cuando lo trajeron dijeron que era un técnico con una filosofía parecida a la mía, y lo primero que dijo fue que iba a jugar mirando los dos arcos y que le iba a devolver la mística al fútbol uruguayo. Es rehén de su discurso y volvimos a lo mismo. En tres partidos Uruguay recibió 12 goles y no le cuestionaron nada sobre el equilibrio y el balance. Nadie le preguntó si jugaba con dos arcos. El tratamiento fue totalmente diferente. Con él fue otra la complacencia. De repente, es una forma que tengo yo de manejo con la prensa que no me ayuda. Yo creo que hay que separar las cosas, una cosa es lo que se hace dentro de la cancha y otra lo de afuera.
—Si pudieras volver atrás en el tiempo, ¿tu trato con la prensa sería diferente?
—No, no cambiaría. Yo soy un hombre simple y no planeo estrategias ni manejos. Eso lo hacen los que no creen en su capacidad. O necesitan eso otro para estar tranquilos. Yo creo en mi trabajo y en mis jugadores. No tengo que ampararme en nada más. Algunos periodistas creen que tengo que darles privilegios porque están convencidos que ellos me llevaron a la selección, y a mí a la selección me llevó la gente, me llevó mi idea futbolística. Antes de hacer ciertas cosas para que los periodistas hablen bien de mí, me hago el harakiri.
—Si mirás hacia atrás, ¿en qué creés que te equivocaste?
—Yo ya hice mi autocrítica, y la hice en aquella reunión con los dirigentes después del partido con Venezuela. Me di cuenta que trabajaba poco con la defensa y estaba dispuesto a corregirlo. En eso me había equivocado. Yo hacía poco o casi nada con la defensa, pero no era porque no lo supiera o porque no me gustara, sino porque los que te van a atacar el día del partido son los rivales, no tus compañeros. También me equivoqué al traer jugadores que no estaban en actividad y también en hacer que algunos jugaran en otros puestos. Y ahora entendí que a veces, para determinados partidos hay que tener otro tipo de jugadores. Si tenés 11 jugadores de las mismas características, cuando se complica, tienden a pagarse un poco. En esos caso, esos otros jugadores que tienen rebeldía son importantes porque contagian a los demás. En todo eso me equivoqué.
—No traer a Paolo Montero, ¿fue una equivocación?
—Eso no fue un capricho mío. Mucho antes de ser el técnico de la selección y cuando no me imaginaba que podía serlo, dije que había tres jugadores clase A, Paolo, el "Chino" y Forlán. Lo que pasa es que él se había autoexcluido y después dijo por intermedio de la prensa que quería volver. Yo no me podía hacer eco de la prensa, menos con la confianza que tengo con él, porque somos amigos. El me tenía que haber llamado para decirme que estaba dispuesto a volver. Además, él tenía mensajes míos que le dieron su padre y su hermana. Le mandé decir que se dejara de pelotudeces y que me llamara. Pero no lo hizo y yo equivocado o no, soy así. No estoy arrepentido, pero sé que me hubiera dado una mano bárbara en la defensa. De repente tenía que haberlo llamado, pero en ese momento estaba en esa posición. Tampoco dije que nunca lo iba a llamar. Si yo hubiese seguido nos hubiéramos cruzado y yo le hubiera dicho: "Paolo, dejáte de embromar".
—Haber dirigido la selección, ¿te cambió?
—Fue una experiencia fuerte, pero no me cambió. Saqué conclusiones muy importantes. Y todo lo que hice, lo hice porque lo sentía.
"Le digo que no sea como yo"
Juan Ramón está orgulloso de su hijo Juan Carlos. El muchacho, que siguió sus pasos, es el técnico de la Tercera División de Fénix y el año pasado salió Campeón Uruguayo. "Algún día me encantaría verlo en la selección juvenil y que lo dejaran plasmar su idea. Compartimos la idea futbolística, pero en algunas cosas somos diferentes. Yo muchas veces le digo que no sea como yo. Yo recozco que soy un tipo especial. Tengo ese tipo de respuesta que choca. Sería tonto si no me diera cuenta, y además, tengo gente que me quiere bien, mismo acá en mi familia, que me lo dice".