SILVIA PÉREZ
- ¿Le sorprendió que le tocara ser titular tan rápido?
- Sí, no puedo negarlo. La decisión de Saralegui me sorprendió porque recién llegué al club el viernes y el resto del plantel hacía tres semanas que venía trabajando.
- ¿Cómo se enteró?
- El sábado, en el último movimiento que hicimos. Fue un repaso táctico en el que había dos equipos y yo estaba en el titular.
- ¿Saralegui le dijo algo?
- No, no me explicó nada. En ningún momento habló conmigo. Fue todo muy rápido.
- Pero usted ya sabía que no había llegado el transfer de Cavallero, ¿verdad?
- Sí, pero no por eso iba a pensar que podía jugar yo. Tengo muy claras las cosas. Hay dos excelentes arqueros, con mucha experiencia. Yo llegué a Peñarol para ser el tercer arquero, para ayudar a mis compañeros y para sumar. Nunca pensé que la oportunidad de jugar se me iba a dar tan rápido, pero fue así y traté de aprovecharla. Para mí es un sueño porque nunca pensé que iba a atajar en Peñarol.
- ¿Habló con Biglianti sobre el tema?
- Sí, claro. Hablamos todos los días, porque además compartimos la habitación en Los Aromos. Es un fenómeno y lo único que recibí de él fue apoyo.
- ¿Cómo vivió su primer partido en Peñarol?
- Bien, aunque en este momento no puedo decir cómo anduve porque fueron demasiadas emociones juntas. En el segundo tiempo se nos complicó un poco. Wanderers jugó bien y nos llegaba jugando por afuera y a buen ritmo. Pero Peñarol tiene buenos jugadores y supo aguantar bien. Por algo es un equipo grande.
- ¿Cuáles fueron las pelotas más difíciles que le llegaron?
- Las dos fueron de Carlos María Morales. La que pegó en el travesaño en el primer tiempo salió muy fuerte y me agarró sin reacción, por suerte pegó en el palo. Y en el segundo tiempo esa pelota cruzada, también de Morales fue brava, pero por suerte ya pasó.
- Dijo hace un momento que jugar en Peñarol era un sueño para usted, ¿pensaba que ya no iba a poder cumplirlo?
- Faltaban pocos días para empezar el torneo y yo no tenía equipo. Estaba entrenando solo con otros muchachos que estaban en la misma situación y un profesor. Faltaban cinco días y no tenía nada. La cabeza me daba vueltas y vueltas y ya me estaba volviendo loco. Lo que menos pensaba era que en la primera fecha iba a estar jugando en Peñarol.
- ¿Qué sintió cuando llegó al arco y la hinchada lo aplaudió?
- Se me erizó la piel. La hinchada de Peñarol es la más grande del mundo y me recibió con un aplauso. ¡Todavía no caí!