Las fallas humanas fueron las protagonistas del empate de carne y hueso

Peñarol y Defensor Sporting dejaron más de loque se llevaron: 1 a 1

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JORGE SAVIA

Seguramente, Defensor Sporting se fue interiormente conforme, no contento, porque sacó un empate del Estadio, ante un grande, después de haber jugado en inferioridad numérica —por la expulsión justa de Carlos Díaz—desde los 32’ de la primera parte.

Seguramente, también, Peñarol se fue interiormente conforme, no contento, porque salvó agónicamente un punto que, aunque lo merecía por todo lo que había atacado, parecía que se le escapaba de las manos.

Sin embargo, los dos tienen por qué lamentarse. Los violetas, porque dejaron en manos de Nacional la punta exclusiva del "Uruguayo" y, en definitiva, porque estuvieron a un tris de llevarse un "triunfazo" por el que pelearon a brazo partido, pese a que por pasajes —sobre todo en la segunda etapa— se vieron desbordados por el empuje y también la búsqueda ofensiva del adversario. Y los aurinegros porque, después de todo, ya dejaron por el camino 4 de los 9 puntos que disputaron en las 3 primeras fechas del campeonato.

Además, hay que convenir que el partido tuvo ritmo, presión, jugadas de gol; es decir; bastante condimento para lo que últimamente es el por lo general desabrido fútbol uruguayo de entrecasa. Pero ocurre que, pese a que las buenas intenciones —en el caso de Peñarol— y el sistema y el funcionamiento esquemático —en el caso de Defensor Sporting— funcionaron, los hombres fallaron.

Peñarol, por ejemplo, tuvo la virtud de querer abrir la cancha. Y aunque es cierto que hubo momentos en los que exageró con los centros frontales y la búsqueda con el juego de alto, fundamentalmente cuando le ganó la desesperación en el segundo tiempo, al ver que sus defecciones en la definición le impedían llegar al gol del empate pese a que a veces conseguía filtrar la muralla de camisetas rivales, también es verdad que jugó y empujó mucho con las subidas de Ramírez y Alonso por los laterales, y que en algunas ocasiones llegó por abajo y creó brechas en el área de enfrente con las maniobras de Russo y Martín García por los extremos del ataque.

Defensor Sporting, por su parte, tuvo esa virtud ya habitual de ir y venir siempre bien armado, soltando y plegando a los carrileros desde y hacia la retaguardia; y ni qué decir de esa ductilidad con la que pasó del 3-4-1-2 con que jugó mientras estuvo completo, al 4-4-1 con que defendió luego, con un jugador menos, la ventaja que sacó a los 39’ con un oportuno gol anotado por Navarro.

Pero los hombres de los dos tuvieron fallas clave. Porque el foul fuera de lugar que le valió la roja a Díaz a los 32’, condicionó a los violetas para el resto del trámite. Hipotecó su chance. Además, en el complemento Taborda —tras haber ingresado por Navarro— malogró dos chances claras de liquidar a Peñarol de contraataque, y Castillo falló en el centro que desembocó en el gol del empate en los últimos instantes. Y del otro lado, la inacción de Obelar fue cómplice del gol convertido por Navarro; de la misma forma que al darle ingreso a Tejera y querer explotar el hombre de más que tenía en la cancha, Morena pareció errarle al correr a Martín García hacia atrás, cuando el puntero era de los que más obligaba a la zaga adversaria; y después, cuando el propio técnico enmendó la plana incluyendo a Leal con el propósito de que volviera a aportar lo que aportaba antes el "Tato", quedó demostrado que aún teniendo desborde por las puntas, Peñarol carece definitivamente de alguien que defina con clase —ni por arriba ni por abajo— el fútbol que, como ocurrió ayer de tarde, puede llegar a elaborar por los costados de la cancha.

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