Redacción El País
Dele Alli sonó en Barcelona, PSG, Chelsea y Bayern Munich. Dele Alli tuvo una época dorada vistiendo la camiseta del Tottenham donde todos esos cuadros estaban detrás de él y estaban dispuestos a pagar millones por el volante ofensivo. Esa época fue también en la que se hizo viral su festejo que se transformó en reto para todos en redes sociales.
Surgido del humilde Milton Keynes Dons, Dele Alli pintaba para ser una estrella, pero no lo fue. A pesar de jugar el Mundial de Rusia 2018, sus rendimientos poco a poco dejaron de ser los de antes, los grandes clubes ya no estaban tras sus pasos y tras siete temporadas se fue al Everton como jugador libre.
Ni siquiera ahí logró recuperar su rendimiento. Muchos imaginaron que un cambio de aire lo podía ayudar a que fuera el Dele Alli que fue en otro momento, pero no lo logró. ¿Su nuevo destino? Turquía, para jugar en Besiktas como jugador cedido.
¿Qué´pasó con Dele Alli? ¿Dónde había quedado aquel jugador que hacía destrozos en el ataque de los Spurs junto a Kane y Son? En las últimas horas, el volante rompió el silencio e hizo confesiones tan duras como sentidas que llevaron a que el propio Gary Neville, conductor del programa The Overlap, se pusiera a llorar con él.
En relación a lo ocurrido en el último tiempo Alli, de 27 años, confesó que hace tres quiso dejar el fútbol: "Una mañana me levanté y tenía que ir a entrenar. Recuerdo que miré al espejo y me pregunté si podía retirarme a los 24 años".
Pero todo se complicó al regresar de Turquía. Alli confesó que bebía y tomaba pastillas para dormir lo que lo llevó a pedir ayuda a un centro de rehabilitación. "Me da miedo hablar de eso. Volví y me enteré que necesitaba una operación, estaba muy mal mentalmente".
De todas maneras, la charla con Neville le permitió a Alli contar detalles de una infancia dura en la que vivió momentos que se volvieron traumáticos para él desde ese momento.
"A los seis años, abusó sexualmente de mí un amigo de mi madre, que estaba mucho en la casa. Mi mamá era alcohólica. Me enviaron a África para aprender disciplina y luego me enviaron de regreso", confesó quien tiene raíces nigerianas por su padre.
"A los siete, empecé a fumar; a los ocho, empecé a traficar con drogas. Una persona mayor me dijo que no detendrían a un niño en una bicicleta, así que andaba con mi pelota de fútbol, y luego debajo llevaba las drogas. A los once, me colgaron de un puente. Fue un tipo del vecindario de al lado, un hombre adulto", admitió.
A los 12 años su vida dio un giro porque una familia lo adoptó: "Si Dios creó a las personas, fueron ellas. Una familia increíble, no podría haber pedido mejores personas para hacer lo que hicieron por mí", pero no todo fue sencillo.
"Cuando tenía 18 años mis padres biológicos fueron a un diario y empezaron a acusar a la familia que me adoptó. Fueron a la prensa diciendo que estas personas se estaban aprovechando de mí. Querían revisar mis contratos y yo no había hablado con ellos durante años. Después de eso me sentí tan traicionado y defraudado…”, sostuvo.
“Por fuera sonreía, parecía que ganaba la batalla. Por dentro la estaba perdiendo”, reconoció Alli. “Si conocieras mi vida entenderías esto mejor... Un trauma es un trauma y tu cuerpo lo registra en la misma medida. Quiero ayudar a la gente para que vean que no están solos”, advirtió.