La última travesura

| Historias de una hazaña que rompió el molde: Uruguay Campeón Sudamericano Juvenil de 1981

JORGE SAVIA

Antes del campeonato, como ya era una figurita promisoria, el flaco Francescoli había recibido 500 dólares para jugar con un par de zapatos de fútbol de la marca internacional Adidas, así que tuvo que dejar de lado sus ya domados y familiares botines de la firma uruguaya Pony. Pero ni a Enzo ni a Uruguay les iba bien. Tras la derrota con Paraguay y el empate con Bolivia, el crack de Wanderers creyó en brujas y para no incumplir el contrato firmado y tener que pagar flor de multa, antes del partido con Ecuador agarró a "Quirico" Tabó —el utilero— y le dijo: "Tomá estos tarros, que son los míos, y hacéle tres tiras con pintura blanca en los costados de apuro". Y así jugó. Para la televisión, con Adidas. Para el fetichismo futbolero del Enzo, con sus viejos y queridos Pony. La cuestión es que los celestes —y en especial Francescoli— "la descosieron", lograron una gran victoria salvadora y terminaron siendo campeones.

"Estuvimos 8 meses concentrados, de las 7 de la mañana a las 7 de la tarde; yo llegué a la selección el 1º de agosto del 80 y me fui el 10 de marzo del 81", recuerda Javier Zeoli. De manera que en ese largo proceso surgieron anécdotas como las que sufrió el "Polilla" Da Silva a manos de casi todo el grupo: "El 11 de diciembre, que es mi cumpleaños, me agarraron en la concentración entre todos y me afeitaron una pierna sola. Como yo tengo mucho vello, y muy negro, tuve que salir a jugar de esa forma un amistoso: una pierna blanca como la leche y la otra totalmente oscura. ¡Lo peor es que al día siguiente aparecí en los diarios así, como un payaso, porque justo metí 4 goles y salí en todas las fotos!".

Estando en Ecuador, la delegación decidió hacer un paseo de medio día hasta la mitad del mundo, a 60 kilómetros de Quito, por donde pasa la línea del Equinoccio. De pronto, en pleno viaje, el conductor del ómnibus frenó en forma brusca, se bajó enojado y se negó a seguir hasta que no se fuera un olor feísimo que surgió de golpe. Con bronca, el Prof. Gutiérrez Ponce no sólo hizo descender del transporte a todos los jugadores y los sermoneó en tono muy riguroso, sino que de noche, luego de la cena en el hotel, volvió a reunir a todo el plantel, y en forma tan infructuosa como en otra charla que hizo sobre el mismo tema a la mañana siguiente antes de la práctica, trató de que el causante de aquel mal momento asumiera su culpa. Lo increíble es que al cabo de 20 años de asados de reencuentro, en los que —ya hombres y en tren de recordar bromas— lo lógico hubiera sido que alguien admitiera "fui yo", eso no pasó nunca, y hoy todos están seguros que la "desgracia" le ocurrió a un botija que sufrió una incontinencia cuando iba durmiendo en el ómnibus.

"Nos mojaron la oreja", recuerda hoy Javier Zeoli, rearmando la escenografía en medio de la cual los argentinos llegaron al Sudamericano de Ecuador en 1981 como los sucesores de los campeones mundiales del 79 en Tokio y con promocionados juveniles como Ruggeri y Espíndola, del que decían que era el "segundo Maradona", mientras que de los humildes botijas celestes el periodismo sudamericano comentaba que "es un equipo lento, que sólo saca ventaja porque hizo más de 21 días de preparación en la altura". De esa manera ellos siguen explicando aún hoy, modestamente, aquel triunfo espectacular en la final ante Argentina por 5 a 1, tras el cual los uruguayos cumplieron la promesa de ir caminando abrazados hasta "El Panecillo", que es una imagen religiosa situada en la cumbre misma de la montaña más alta de todas las que rodean a Quito. En el descenso, durante el retorno, se les ocurrió comprar cartucheras y revólveres de fulminantes, y ya vueltos al Hotel Rapa Nui montaron barricadas con mesas y sillones, y armaron un barullo tan infernal que Jorge Lencina —entonces locutor comercial de Radio Sarandí— salió de su habitación con un palo y un trapo blanco en la punta para poder pasar en medio del humo. Lo que nadie imaginó en ese momento es que el fútbol juvenil uruguayo estaba celebrando su última travesura.

Qué hacen

Zeoli. Vive en Pocitos. Fue operador inmobiliario, actividad que ahora continúa su esposa, ya que —tras su paso como entrenador de arqueros de la selección Sub 20 que dirigió Jorge Da Silva— es técnico titulado y se propuso trabajar en el fútbol. Lo hizo con un grupo inversor cuyo centro de operaciones estaba en Paraguay, pero se desvinculó hace poco.

Ananía. Vive en Montevideo. Tiene un reparto de productos porcinos.

Vázquez. Vive en Perú. Es ayudante de campo de Gerardo Pelusso en Alianza Lima.

Gutiérrez. Vive en la Barra de Carrasco, en Canelones. Es ejecutivo de Tenfield y Gol TV.

Ostolaza. Vive en El Prado. Es técnico.

Melián. Trabaja en Estados Unidos.

Ancheta. Vive en Montevideo. Es propietario de una fábrica de artículos de iluminación.

López Báez. Vive en Montevideo. Es entrenador en divisiones juveniles de Bella Vista.

Berrueta. Vive en Montevideo. Dirige "El ombú", equipo de baby fútbol de Jardines del Hipódromo.

Batista. Vive en Buenos Aires.

Francescoli. Está radicado en Miami, EE.UU. Es ejecutivo de Tenfield y Gol TV.

Pedrucci. Vive en El Prado. Es técnico en divisiones juveniles de Rentistas y coordinador en VTV.

Linaris. Vive en el Cerro y es propietario de una panadería.

Barán. Es técnico de divisiones juveniles de Bella Vista y propietario de la fábrica de alfajores Portezuelo.

Da Silva. Vive en Punta Gorda. Es técnico de Defensor Sporting.

Villazán. Está radicado en Buenos Aires. Es coordinador de Gol TV en Argentina.

Noble. Vive en San José de Carrasco, Canelones. Es propietario de un transporte de turismo.

Calero. Tras haber jugado en Ecuador, vive y tiene una parrillada en Guatemala, donde tambien jugó, dirigió y representó jugadores.

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