ENVIADO | JORGE SAVIA
Tras la final, después del cierre, llegó la hora de hacer un balance. Como sucede siempre en estos casos -pese a que esta vez no le tocó estar a Uruguay y el resto de los sudamericanos se fueron más temprano que de costumbre- la Copa del Mundo dejó secuelas.
En lo individual, si acaso, estuvo el mayor déficit. No hubo una figura descollante, que impactara y que terminara coronándose como el nuevo monarca. Fue, sin embargo, el veterano Zinedine Zidane, a punto de "jubilarse", el que manejó el fútbol del mundial. El gran jugador que muchos esperaban se fuese en la primera ronda, donde Francia no daba pie en bola.
El resto del equipo -al menos para El País- salió poco menos que "cantado", de acuerdo a rendimientos individuales de los pocos que se animaron a jugar en un Mundial bastante pobre.
Suplentes de lujo en una difícil elección
ENVIADO - Fue el Mundial de los fracasos, o el de las decepciones, si acaso. No hubo grandes estrellas pero, pese a ello, hubo rendimientos individuales que en determinados encuentros entusiasmaron, avivaron un poco la llama de la esperanza.
Lo del argentino Lionel Messi, por ejemplo. Algunos encuentros de Carlos Tévez, lo que hizo Lehmann en el arco alemán, el buen trabajo del zaguero suizo Philippe Senderos, el aporte goleador del "Niño" Fernando Torres en España y la potencia del artillero alemán Miroslav Klose.
Hubo destacados, es cierto, pero ninguno estuvo a la altura de un Mundial. Ninguno pudo inclinar la balanza para su equipo. Son "suplentes" de lujo, claro.