Redacción El País
La Liguilla fue un acertado invento del llamado “Ejecutivo de Oro” de la Asociación Uruguaya de Fútbol, encabezado por Héctor del Campo: un torneo breve, con los seis mejores equipos de la temporada, que buscaba seleccionar a los representantes uruguayos en la Copa Libertadores. Se jugaba en noches de verano, casi siempre en enero, y en las primeras ediciones representó un éxito deportivo y económico.
En la primera de todas, disputada en enero de 1975 (correspondiente a la temporada 1974) se vendieron 210.517 entradas en los 15 partidos, cuando en todo el Uruguayo 74 se habían colocado 633.042, en 132 encuentros.
Sin embargo, con los años el certamen fue perdiendo interés, hasta que su traslado al invierno debido a que las temporadas se jugaban de agosto a junio terminó de liquidarla.
La Liguilla de enero de 1975 marcó además un pequeño terremoto, anticipo de otros sismos en el fútbol uruguayo: Wanderers eliminó a Nacional y se convirtió en el primer club chico en disputar la Copa Libertadores. Lo hizo junto a Peñarol, campeón de aquella Liguilla, y además campeón uruguayo 1974.
La idea de la Liguilla formó parte de un plan de las autoridades de la AUF para prolongar la actividad interna, que por esos años estaba limitada al Campeonato Uruguayo, en los últimos meses de cada año. Se agregó la Liga Mayor como certamen complementario y se cerraba con la Liguilla.
Se le dio tanta gravitación a este torneo que en el comienzo el ganador del Uruguayo arriesgaba quedarse fuera la Copa, pues simplemente se clasificaban los dos primeros de la competencia estival. Luego se comprobó que era demasiado castigo al campeón del año por una racha de dos o tres malos resultados, por lo cual se inventaron sistemas para cuidarlo, desde un partido extra hasta puntajes especiales.
Los pronósticos
En aquel verano del 75, Peñarol asomaba como favorito, con Fernando Morena como estandarte goleador. Nacional iba por consolidar un equipo joven tras la partida de las estrellas de 1971, mientras que Liverpool (que igualó a los tricolores en el puntaje final del Uruguayo) trataba de dar el gran salto. Danubio prometía ser la sorpresa. Y completaban el sexteto, sin despertar expectativas, Cerro y Wanderers.
Los bohemios entraron en la Liguilla por su cuarto puesto en un certamen llamado “50 Años de Colombes”. Incluso para alcanzar ese lugar tuvieron que disputar un desempate ante Cerro, que ganaron con un gol de Juan Muhlethaler en el minuto 89. Después, solo fueron séptimos en el Campeonato Uruguayo.
El comienzo de la Liguilla tampoco prometía para Wanderers, dirigido por el profesor Omar Borrás. En el debut perdió contra Danubio por 2-1 y en la segunda fecha le tocó con Peñarol, lo que determinó la segunda derrota. En una competencia tan corta representaba casi la despedida.
Después venció 5-3 a Cerro y 3-2 a Liverpool. Y los resultados de los otros equipos comenzaron a favorecerlo. Si bien Peñarol cumplió los pronósticos y arrancó con cuatro victorias que lo clasificaron anticipadamente, los otros participantes fueron dejando puntos. En especial Nacional, que luego de ganar sus dos primeros encuentros empató ante Danubio y cayó 4-1 en el clásico.
Al iniciarse la última fecha tenían posibilidades Nacional, Danubio y Wanderers. La Curva la perdió al empatar con Peñarol y todo quedó entre tricolores y albinegros. El empate clasificaba a Nacional aquel 28 de enero de 1975, ante unas 25.000 personas (se vendieron 16.790 entradas) en el Estadio Centenario.
Día descisivo
Con el arbitraje de José Luis Martínez Bazán, Wanderers salió jugando con Fernando Apolinario; Roberto Burgos, Óscar Washington Tabárez, Víctor Luzardo, Aníbal Álvez; Óscar Martirena, Manuel Sierra, Juan Muhlethaler; Richard Forlán, Héctor De los Santos y Washington Olivera.
Nacional lo hizo con Omar Garate; Líber Arispe, Eduardo Gerolami, Rafael Villazán, Raúl Moller; Roberto Repetto, Walter Mantegazza, Darío Pereyra; Juan Ramón Carrasco (jugando de puntero), Hebert Revetria y Ricardo Pagola. El técnico era Gualberto Díaz.
Fue un partido dramático y cambiante. Wanderers se puso en ventaja con un gran remate de su centrodelantero Héctor de los Santos. Pronto lo empató Roberto Repetto, de cabeza.
En el segundo tiempo, los bohemios se jugaron por lo único que les servía, el triunfo. Enseguida tuvieron un penal, pero el arquero Garate le atajó el tiro a Washington Olivera.
Entre el asedio albinegro y la resistencia alba se fueron los 45 minutos del complemento y tres de los cuatro de adición. La última jugada fue un córner en el arco de la Amsterdam. Lo tiró Forlán, De los Santos peinó el centro, hubo un rebote y el “Trapo” Olivera se encontró con la pelota picando en el borde del área chica y la oportunidad de revancha. Esta vez, su zurdazo terminó en la red y con Wanderers en la Copa. Y no hubo tiempo para más que para mover del medio.
El triunfo y la clasificación tuvieron tonos de hazaña, al punto que los futbolistas bohemios dieron la vuelta olímpica.
Las figuras de aquel equipo eran Muhlethaler, un mediocampista hábil y con panorama de juego que estuvo en el plantel celeste campeón de América 1983; el puntero derecho Forlán, que también llegó a jugar en la selección uruguaya, y el izquierdo, Olivera, de destacadas campañas posteriores en clubes chilenos. El lateral Alvez pintaba muy bien, pero meses después fue víctima de una tragedia: un accidente de moto lo dejó postrado de por vida. Sin embargo, la referencia hoy más conocida de aquella formación es que en la zaga actuaba el maestro Tabárez.
La clasificación de Wanderers a la Libertadores 75 fue el anticipo de nuevas sorpresas en un fútbol acostumbrado a muchos años de predominio aurinegro y tricolor. Un año más tarde, Defensor se coronó campeón uruguayo y terminó de cambiar la historia.