La Selección de Uruguay le debe un gran agradecimiento a Héctor Pichón Núñez, por tomar la dirección técnica del seleccionado en 1994, un pésimo momento: se había perdido la clasificación al Mundial de Estados Unidos en medio de una gran división entre los jugadores, los dirigentes y la prensa, polémicas que terminaron pesando negativamente en el rendimiento del equipo.
“Agarre este fierro hirviente”, le dijeron, aunque no en estas palabras, por supuesto. Y el Pichón Núñez, que por sus muchos años de futbolista y técnico en Europa sumaba esa experiencia al estaño criollo, aceptó sin protestar.
Su primer cometido era ganar la Copa América de 1995: se jugaba en casa y la Celeste siempre había logrado el título como local, con un invicto que rozaba las ocho décadas. Era casi una obligación ser campeones. Para empezar el año, le dieron un amistoso ante España en La Coruña, en pleno enero y con la mayoría de los futbolistas de vacaciones.
España no era todavía campeón del mundo, pero ya representaba una de las principales selecciones europeas.
Recién salidos del brindis y el pan dulce de fin de año, los jugadores que pertenecían a clubes locales fueron convocados para iniciar los entrenamientos a las 11 de la mañana del 3 de enero de aquel 1995 en el estadio Charrúa. A ellos se sumaría unos días más tarde Enzo Francescoli, que estaba en River argentino.
Por su parte, estaba previsto que los hombres que militaban en clubes europeos (Daniel Fonseca, Gustavo Poyet, Paolo Montero y Rubén Sosa) se encontraran con la delegación ya en España. Así fue, aunque Sosa quedaría afuera por lesión.
La temporada 1994 había terminado el 18 de diciembre con la Liguilla, aunque Peñarol tuvo que jugar la segunda final por la Copa Conmebol el día 22. De manera que los jugadores convocados gozaron una licencia muy breve.
La preparación
Después de cuatro días de ejercicios, el 7 de enero el seleccionado tuvo su primer partido de preparación, ganándole 6-1 a San José en el estadio Casto Martínez Laguarda. El día 9 se derrotó a las Ligas Fernandinas en el Charrúa y el 12 se derrotó a Canelones en el Martínez Monegal. Y al avión.
“Es un poco precipitado este partido, pero hicimos un buen trabajo dentro del poco tiempo que tuvimos”, explicaba Núñez en el Aeropuerto de Carrasco.
Del calor estival uruguayo se encontraron horas después con temperaturas de 3 grados y abundantes lluvias en La Coruña. Llovió tanto que se inundaron los vestuarios del estadio Riazor y la realización del amistoso corrió riesgos.
La delegación también se enteró al llegar que una parte del equipaje había quedado en el aeropuerto de Río de Janeiro y no había ropa de entrenamiento. El Deportivo La Coruña tuvo que prestarle ropa a los celestes para una práctica contra un club local de tercera división, el Betanzos. Para aquellos futbolistas, nada nuevo: esos inconvenientes, a veces tragicómicos, formaron parte de la rutina de los seleccionados uruguayos durante años...
En la previa, el técnico español Javier Clemente avisó: “Uruguay no es chufletas ni mandarras”, una expresión vasca que significa algo así como “no es pan comido”.
El partido del partido
Por fin, el 18 de enero de 1995 Uruguay salió a la cancha con Claudio Arbiza; Ruben Alzueta, Oscar Aguirregaray, Alvaro Gutiérrez, Paolo Montero; Gustavo Poyet, Diego Dorta, Eber Moas, Pablo Bengoechea; Enzo Francescoli y Daniel Fonseca. En el segundo tiempo se realizaron numerosos cambios e ingresaron Washington Tais, Marcelo Otero, Ricardo Canals, Darío Silva y Álvaro Recoba.
Por España jugaron Zubizarreta; Belsue, Hierro, Abelardo, Alkorta; Donato, Goikoetxeam Guerrero, Fran, Sergi; Pizzi. También Clemente hizo numerosos cambios para el complemento.
Al minuto ya ganaba el local con gol del argentino nacionalizado Pizzi, el peor inicio para un equipo uruguayo sin rodaje. Sin embargo, el impacto duró pocos minutos. Bengoechea, que estaba en su mejor momento, tomó la manija del partido y tocando con Francescoli o habilitando a Fonseca cambió el trámite del juego.
A los 18’, un pase profundo del riverense para Fonseca permitió que este se sacara de encima la marca de Abelardo y definiera contra un palo: 1-1. A los 35’, Francescoli recuperó la pelota tras una mala salida española, eludió a Hierro y cedió a Bengoechea, quien resolvió con clase para el 2-1.
La sorpresa era total, entre el público español y los propios uruguayos, que dominaban a España.
En el segundo tiempo, con los cambios, Clemente mandó a sus hombres decididamente al ataque, algo que la prensa local tomó con sorna al otro día, porque el entrenador tenía extendida fama de defensivo.
España atacaba y Uruguay se defendía bien. Estaban en eso, cuando Núñez mandó a la cancha al juvenil Recoba. Con la primera pelota que le llegó le hizo un sombrero a un adversario, toda una señal de la tranquilidad con la que jugaban los celestes y también de la promisoria calidad del Chino.
A los 82’, cuando los españoles ya casi habían tirado la toalla llegó el empate, un centro pasado de Fran que cabeceó, entrando por el segundo palo, otro naturalizado, el brasileño Donato.
Sin embargo, Uruguay estuvo cerca de ganarlo en los descuentos. Poyet robó la pelota y dio a Darío Silva, que enfrentó al arquero Cañizares, pero justo se resbaló y se esfumó la chance.
El después
El seleccionado realizaría en marzo una gira por Colombia, Estados Unidos, Inglaterra y Yugoslavia, además de varios amistosos en Montevideo.
Con esa preparación y esos jugadores, Uruguay conquistaría la Copa América 95, venciendo la final por penales a Brasil, entonces campeón del mundo. Pero los éxitos celestes solían durar muy poco en aquellos años. Las eliminatorias para Francia 1998 empezaron mal y Núñez fue despedido. Tampoco sirvió para lograr la clasificación. “Pichón” falleció en Madrid en 2011.