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Historias de superación: viven una dura adolescencia, pidieron trabajar y estudian en el complejo de Nacional

La ciudad deportiva Los Céspedes, que tiene instalada una UTU, nuclea a 75 chicos de Manga, Casavalle y Piedras Blancas.

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Anexo de UTU en el complejo deportivo Los Céspedes.
El espacio que tiene la UTU en el complejo deportivo Los Céspedes.
Foto: Francisco Flores.

Por Diego Domínguez
Vive una realidad muy dura. El trato con su mamá y su papá es casi inexistente. Pero él, cuando pisa la UTU de Nacional,se siente uno más.

Marcos (*) está dentro de los 75 chicos que van a estudiar a la Ciudad Deportiva Los Céspedes, donde lo tiene todo. Desde un salón con dos aires acondicionados y un televisor hasta una cancha de fútbol y otra de voleibol.

Todas las mañanas, se toma dos ómnibus para llegar desde Los Palomares (Casavalle) -donde vive con su abuela- a su segundo hogar: el anexo que nuclea a chiquilines de su barrio, Manga y Piedras Blancas y que calza como anillo al dedo para que se reintegren a la educación formal.

Es un adolescente hincha dePeñarol y lo demuestra a simple vista. Apenas sale del salón ya empieza con cánticos: “Y cuando a Jardines fuimos a buscarte vos tiraste piedras, no te la bancaste…”. Automáticamente se multiplica la risa generalizada entre sus compañeros.

UTU de los Cespedes
Penales en Los Céspedes
Foto: Francisco Flores.

El lugar tiene verde. Mucho verde. La mañana luce agradable para que la clase se transforme en una ronda improvisada de penales. Los chicos del salón van camino hacia la cancha, su rincón privilegiado durante cada mediodía.

Toda su atención se concentra en un arco de dimensiones reducidas que está pegado al campo de entrenamiento de los juveniles. Uno hace de golero, el de enfrente le patea, y alrededor hay otros seis que miran atentos esperando su turno.

A muy pocos metros, está jugando un partido improvisado de voleibol una de las profesoras mezclada con otro grupo. Son tres contra tres.

Entre ellos hay una estudiante, llamada Florencia -una de las dos mujeres que hay en la clase-, que pasó de odiar los deportes y avergonzarse cada vez que jugaba a tomar coraje propio para animarse a sacar.

UTU de los Cespedes
El partido de voleibol en el taller de Deporte y Recreación.
Foto: Francisco Flores.

Su evolución la observa de cerca Felipe Ledesma, su profesor: “A Florencia, cuando entró, no le nada gustaba el deporte. Nunca había hecho nada. En poco tiempo agarró confianza y el grupo, si bien tiene sus cosas, la recibió de la mejor manera. Eso está buenísimo; no es nada fácil lograrlo de forma tan rápida y que te acepten”, dice el docente que da clases del taller Deporte y Recreación, que dura entre cuatro y cinco horas en Los Céspedes.

En el espacio, el docente intenta que se practiquen la mayoría de los deportes, siempre y cuando las instalaciones se lo permitan. Aunque, a decir verdad, los estudiantes muchas veces le insisten en jugar al fútbol y se terminan saliendo con la suya. “A mí el fútbol me encanta, pero trato de darles también el espectro de otros deportes. Para ser docente, en este contexto, tenés que ser mucho más persona y educador que saber enseñar contenido. La idea de acá es que puedan salir de su realidad. Hay muchas realidades complicadísimas, pero acá vienen y salen de eso. A veces no importa tanto si el estudiante sabe multiplicar bien o no; nos comprometemos mucho con lo que es la persona, con su lado humano. A veces me meto tanto emocionalmente -que quizás no está bueno- y me voy muy triste. Pero en las buenas, cuando salen las cosas bien, me voy muy feliz”.

La unión del trabajo y el estudio

UTU de los Cespedes
Ronda de penales.
Foto: Francisco Flores.

“Me gustaría ser como vos; tener un trabajo”. El mensaje fue del alumno al maestro. Salió en boca de Fabián (18), uno de los tantos chicos que viven en un contexto vulnerable y se acercan a la UTU con la esperanza de, el día de mañana, poder dar un paso adelante. Una tarde, sin demasiadas expectativas, humildemente se arrimó y preguntó: “¿Hay una oportunidad para mí?”.

La pregunta cuajó enseguida entre las distintas autoridades de la Fundación Nacional. Más aún después de que el chiquilín faltara casi un mes seguido a clase por haber encontrado trabajo.

En el club decidieron darle una oportunidad laboral -a él y a dos alumnos más- y hoy por hoy es un trabajador más que se dedica a tareas de limpieza: “Me dan estudio y hay un muy buen ambiente. Estar acá adentro es una inspiración para estudiar, venir y salir adelante. Me levanto a las 5 de la mañana para aprontar las cosas, entro 6:30 a trabajar hasta 7:30, voy a clase y después entro de nuevo a la 1 (de la tarde). La idea es ayudar a mi madre”, afirma el joven.

UTU de los Cespedes
Fabián trabaja y estudia en Nacional.
Foto: Francisco Flores.

Fanático del fútbol, está vestido con un pantalón de Nacional y una campera de la FIFA. Tiene, en su celular, fotos con Sergio Rochet, Franco Fagúndez y Marcos Montiel -a quienes admira- y la risa le sale natural cada vez que le toca patear una pelota. “Tiene una situación económica complicadísima. El año pasado era un estudiante bárbaro: venía, estudiaba pila, siempre estaba buena onda y colaboraba en todo. Este año, cuando empezó, lo veías cabizbajo: estaba triste, bajón. Empezó a trabajar con mucho entusiasmo, buena energía, y volvió a ser el del año pasado”, cuenta a Ovación Felipe, su profesor.

Como estos casos, la UTU de Los Céspedes recibe uno atrás de otro desde 2021, cuando se inauguró en plena pandemia. Agustín Iparraguirre es el principal responsable de que estas historias sucedan. “La gran mayoría de los docentes tienen preocupaciones por los chiquilines. No es que vienen a dar el curso y se van, sino que se preocupan por las actividades. Por ejemplo, ahora quieren llevar de viaje de egresados a los que están por terminar.”

UTU de los Cespedes
Es ayudante de canchero en Los Céspedes.
Foto: Francisco Flores.

Kevin (19) está en el pelotón de estos últimos y dice ser uno de los que “encara”. Decidido a entrar al ejército, estuvo a punto de dejar los estudios, pero en Los Céspedes le encontraron una solución: ofrecerle trabajo.

Empezó como ayudante de canchero, pero quedó con una condición: tendrá que seguir estudiando. “Tenía un sueño, que era ser militar, pero ahora estoy pasando muchas cosas y ya no lo tengo definido. Esto de las canchas me está gustando. Son cinco horas por día; los sábados también. A veces se trabaja un domingo (si hay partido), pero está bueno. Estás con los jugadores de la Primera cerca, y no importa si no sos de Nacional. Yo si fuese de Peñarol vendría y les pediría una foto igual. Una vez con (Luis) Suárez nos juntaron a todos los funcionarios y tuvimos una reunión con él. Estuvo muy lindo".

"Yo cuando llego acá dejo todo afuera y trato de disfrutar siempre. No te podés venir a quemar la cabeza. Disfruto mucho de estar en la UTU con mis compañeros. A veces quiero pasar más tiempo”, se sincera.

Aclaración (*): el nombre de Marcos fue modificado para proteger la identidad del adolescente.

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