SILVIA PEREZ
Matías es el hijo mayor de Alexander Medina, pero tiene sólo dos años. Estaba junto a su padre en el vestuario vestido con la camiseta número 9 de Nacional. No entendía mucho por qué su papá tenía que hablar con todas esas personas y casi no podía prestarle atención.
—Hacer dos goles en un clásico es una especie de sueño, ¿verdad?
—Sí, ganarle a Peñarol y hacer dos goles es algo que no se da muchas veces. Algo que soñé en muchas oportunidades, pero que es difícil cumplir. Más con estas características, porque podía haber hecho dos goles ganando 4 a 0, pero íbamos perdiendo 1 a 0. Ganar de atrás tiene otro sabor. Estoy muy contento, pero todavía no logramos nada. Ganar un clásico es muy importante, pero hay que festejar con mesura porque todavía falta lo del miércoles. Nada terminó.
—¿Qué pensaste cuando iban perdiendo?
—Me quería morir. Faltaban 15 minutos y por momentos daba la sensación de que se podían llevar el triunfo. Por suerte el gol del empate se dio enseguida y nos tranquilizó un poco. Tengo 26 años y he aprendido muchas cosas. Los partidos duran 90 minutos y no hay que desesperarse. No es fácil pero hay que tener frialdad. Había que ganar, el empate no nos servía. Necesitábamos el triunfo para no depender de otros resultados.
—¿Sabían que Defensor Sporting iba ganando?
—Yo me enteré cuando salí a que me atendieran el corte. Entré y les dije a mis compañeros que había que echar el resto.
—Hablando de corte, estuvo brava la cosa con Daniel Pereira, ¿no?
—Sí, salí muy enojado. No me gusta pelearme con un amigo, y el "Boya" es un amigo. Se puso caprichoso y no entendió la situación. Es para hablarlo con él personalmente, pero son cosas del fútbol. El defiende con todo a Peñarol y yo defiendo con todo a Nacional. El me cortó la boca y quedo ahí, pero no entendió lo del cañito. El me conoce y sabe que no soy un jugador que "pizarree". No es mi filosofía. Le tiré un caño por el pase, no para sobrarlo. No soy así. A mí no me gustan los que tiran caños cuando van ganando, ¿por qué no los tiran cuando van perdiendo? Además, yo no soy de tirar caños... ¡si tiro un cañito por año! El me conoce, sabe como soy. Fuimos compañeros y somos amigos. Si hubiera estado enfrente un hermano hubiese pasado lo mismo. Estaban calientes porque le habíamos dado vuelta el partido.
—¿Cuál de los dos goles te gustó mas?
—Los dos, pero el segundo nos dio el triunfo. Además, esos goles son pura intuición. Uno está de espaldas al arco y tiene que imaginar donde está. De todas maneras, lo primero que busco es ser campeón con Nacional y después está el objetivo de ser goleador. Obvio que uno vive de los goles, pero si terminamos saliendo campeones mis goles van a valer mucho más.
—Después del segundo gol te quedaste abrazado con Abreu, ¿por qué?
—Por nada, me abracé con el "Loco" porque era el que estaba más cerca, pero en ese momento quería abrazarme con toda la hinchada, con todo el mundo.
—En estos momentos, ¿pensás en la selección? ¿Es una asignatura pendiente?
—Es otro de mis sueños y espero cumplirlo. Si no es con Fossati con otro. Lo estoy esperando a muerte, pero sé que tengo que seguir trabajando. Es la única forma. No voy a decir que creo que tengo que estar porque sería muy soberbio de mi parte, pero lo estoy buscando a muerte.
A las 21 horas, la casa de Medina estaba llena de gente. Amigos y familiares habían llegado para saludarlo y el teléfono no paraba de sonar. El estaba tan ronco que casi no podía hablar. "Va a ser difícil dormirme porque viví el partido soñado", admitió.