DIEGO PÉREZ
Porfiado como pocos, el uruguayo Omar Míguez era un empecinado en hacer jugadas acrobáticas y vistosas en cada partido que jugaba. "Chilenas" y "rabonas" eran parte de su repertorio. Hoy, esos movimientos se ven cada vez con menos frecuencia y cuando aparecen renace la polémica acerca de quién las inventó. Como suele suceder, existen las respuestas "oficiales" y las otras.
Así pues, la "chilena" en realidad es peruana y en principio se conoció como "chalaca". Tal el gentilicio de los pobladores de la zona portuaria de Callao, en Perú, donde los marineros que llegaban, antes del siglo XX, se entretenían jugando al fútbol. Supuestamente ahí se vio por primera vez esa magnífica jugada en la que el futbolista deja su espalda en paralelo al piso y con todo el cuerpo en el aire, de frente al cielo, golpea la pelota hacia atrás. Tradicionalmente se la conoce como "chilena" porque Ramón Unzaga, un vasco nacionalizado chileno, mostró ese recurso en un partido del fútbol local en 1914.
Cuando Unzaga viajó a Argentina dos años después se hizo conocido como el jugador de la "chilenita", nombre que se popularizó en el Sudamericano que se jugó en Viña del Mar en 1920. Sin embargo, para los brasileños dueño del gol de "chilena" seguirá siendo Leonidas Da Silva, jugador que brilló en la década del 30. Más allá de nombres e inventores, es una de las jugadas más admirables que se ven, no tan a menudo, por las canchas del mundo. Pero hay más.
Durante la década del 80, al argentino Claudio Borghi se lo conoció como el "Pibe Rabona" por mandar en cada partido no menos de tres pases largos pasando su pie hábil por detrás del de apoyo. En Europa, uno de los primeros en utilizar ese exquisito recurso técnico conocido como "rabona" fue el italiano Giovanni Roccotelli en los años 70 y por eso se ha llevado la mayor parte del crédito. Sin embargo, mucho antes el "Cotorra" Míguez se había encargado de deslumbrar con esa vistosa jugada.
Pero hay una maniobra insólita que tiene dueño indiscutible. En 1995, en el mítico estadio de Wembley, el arquero colombiano René Higuita dejó a propios y ajenos con la boca abierta al rechazar una pelota sobre la línea misma del arco con un movimiento difícil de describir con palabras. Se lo llamó el "escorpión". Higuita, con su cuerpo suspendido en el aire, la espalda al cielo y las manos extendidas hacia los costados, golpeó el balón casi con sus talones, concretando un rechace perfecto. Se dice que otros jugadores ya lo hacían en los entrenamientos, pero nadie le quitará los méritos al colombiano porque tuvo lo que se necesita -confianza, desfachatez y algo más- para hacerlo frente a todos.
En el fútbol actual, donde manda el dinero y a éste lo traen los resultados, cada vez hay menos espacio para los lujos. Por suerte, siempre hay algún virtuoso -generalmente con sangre sudamericana- dispuesto a probar cosas nuevas y otras que no lo son tanto, pero siguen cautivando a los amantes del deporte más popular del planeta.