El diario chileno "Las últimas noticias" realizó días atrás una entrevista realmente imperdible a Elías Ricardo Figueroa. En la misma,el ex zaguero de la selección de Chile y Peñarol de los últimos años de la década de los 60 hace algunas revelaciones singulares, y en algunos casos hasta sorprendentes. El texto del reportaje es el siguiente:
—¿Cómo superó la difteria que sufrió cuando era niño, Elías?
—Me hicieron una traqueotomía y, de hecho, me quedó la marca en el cuello. Mi madre me dice que fue como una plaga y creo que de diez nos salvamos yo y otro más. Quedé con problemas de corazón y de asma.
—Así empezó de arquero.
—Por eso y porque era gordito, chico y no corría. Como a los 6 años recién empecé a correr.
—¿Cuándo pegó el estirón?
—Como a los 11 años, estuve en cama casi un año por un principio de poliomielitis. Ahí pegué el estirón.
—Empezó jugando de seis.
Igual que Beckenbauer. Siendo wanderino, el "Cabezón" Parra, ayudante de José Pérez en Wanderers, hizo una selección juvenil de Valparaíso y dijo "el grandote juega de central". Y ahí me quedé. Pero nunca me gustó jugar de central. Ahora juego de "9".
—¿Es usted el mejor futbolista chileno de la historia?
—No puedo decir no, porque el fútbol es logros y dejé una marca: fui 3 veces seguidas el mejor de América. Ni Pelé ni Maradona lo fueron. Zico fue más de 3 veces, no seguidas. El chileno que sea 4 veces mejor de América me gana y voy a estar feliz.
—Pero no jugó en Europa.
—Pelé tampoco y eso no significa que no sea un gran jugador. No quise jugar en Europa porque en esa época no era atractivo, no pagaban como hoy.
—¿Qué decía su esposa, Marcela, cuando lo consideraban símbolo sexual?
—Me casé con una mujer muy inteligente y cuando salió esa famosa foto en que aparezco desnudo en Brasil, y todo el mundo la molestaba, me dijo: "Elías, sácate una foto desnudo para mí". Me la saqué y me mandé a hacer un póster. Y tengo una de frente.
—¿Recibió muchas ofertas de mujeres?
—Muchísimas. Y después las veía en la revista "Caras" hablando del matrimonio, de la familia. Hubo gente que, incluso, quería que estuviera el marido mirando.
—¿Qué mujer de su época quiso conocer y no pudo?
—Tuve la oportunidad de estar con Carolina de Mónaco, con Ursula Andress, pero Sofía Loren era una fijación. Esos pechos...
—¿Quiénes fueron los delanteros más complicados?
—El alemán Gerd Müller y el argentino Luis Artime. No eran jugadores hábiles, pero si les dabas un centímetro, te hacían el gol. Y a nivel nacional, cuando empecé, "Clavito" Godoy era un rompehuevos.
—Usted pegó sus codazos.
—Una vez le fracturé la nariz a Palinha, cuando jugamos la final con Cruzeiro. Palinha era bajito, buenísimo, pero era molestoso y cancherito. Me decía "no eres nada, te voy a reventar". Yo le dije: "hoy te quiebro". Siempre fui leal con los que eran leales, pero de choro a choro y medio. Le di un codazo y le reventé la nariz. Le pusieron algodones y siguió jugando y hablando. "Te voy a agarrar de nuevo", le dije y ¡paf!, le di y saltó algodón y sangre. No sentí ningún remordimiento.
—¿Uno mejor en su puesto?
—Después de que Roberto Perfumo, en su mejor momento, dijo que yo era el mejor y que el propio Beckenbauer lo dice, uno piensa ¿quién puede haber sido?
—Hay cosas que no tienen explicación.
—Una vez, en Palestino, choqué con Marco Cornez, me fracturé una costilla, se me rompió la pleura y sangró muchísimo. Empecé a perder el conocimiento, a irme, a irme. Antes de llevarme a la Clínica Alemana, yo estaba en la cama, no podía más del dolor, me desmayaba y veía a mi señora y mi hija llorando. Entonces sentí un alivio tan rico, como que me senté en la cama, le dije a mi señora "ya estoy bien, se me pasó". De repente, desperté y me estaban llevando en la camilla. Fue raro.
—¿Ha vivido más cosas así?
—No, pero sí he tenido experiencias muy extrañas. Cuando empecé a jugar en Wanderers, una vez salí de la casa de mi mamá comiendo uva y había una viejita sentada en el suelo, al lado de un muro grande y largo. Me pidió uva y le pasé el racimo entero. Caminé dos pasos, me di vuelta y no había nadie. La viejita no podía saltar el muro, no podía correr hasta la otra cuadra y tampoco me había pasado. No sé qué ocurrió.
—Increíble.
—Otra vez, cuando llegué al camarín del Inter, en Porto Alegre, me hicieron pasar a una sala y estaban todos los jugadores tomados de la mano. Al medio, una señora toda vestida de blanco, fumando un puro, empezó a cantar. Nuestro masajista se puso a hacer ruidos guturales, a deformarse, como que doblaba la mano atrás y se le iba una pierna. Y la señora decía "mi viejito, limpia a estos niños de las malas vibraciones". Él se puso a hablar muy ronco. Me dio susto.
"Mazurka", la chilena y Defensor
—¿Cuál es el partido que más recuerda?
—El de Rusia fue memorable. También está el famoso partido del gol iluminado, con que Inter ganó el título en 1975. Pero hay un partido de Peñarol con Defensor, por el torneo uruguayo, en que cabeceo en el arco de ellos, el arquero agarra la pelota y saca al tiro y nos pillan en contraataque, el tipo se la levanta a Mazurkiewicz y, cuando iba entrando al arco, la saco de chilena.
Las trillizas perdidas en Montevideo
—¿Qué perdió por el fútbol?
—No estuve cuando nacieron mis hijos, pero lo que más me duele es cuando fui a Peñarol con mi señora, que iba embarazada de trillizas. La dejé en el hotel y me fui al otro día en gira. Ella nunca había viajado en avión y perdió los trillizos. En la cama uno, en el baño otro... Y sola. Siempre me he sentido culpable. Hasta el día de hoy nos acordamos de nuestras trillizas. Nunca he estado en los momentos difíciles en casa. Mi mujer fue papá y mamá. Merece un monumento.