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El último baile de Gonzalo Castro, el veterano inoxidable que se despidió de Nacional jugando como un pibe

Como en sus mejores épocas, el Chory imprimió velocidad por la banda izquierda y recibió el reconocimiento de todo el Gran Parque Central. Así se vivió su despedida.

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Gonzalo Castro.
Despedida del Chory Castro.
Foto: Estefanía Leal.

Francisco, su hermano, sacó a pasear una sonrisa de oreja a oreja por todo el Gran Parque Central. Desde que llegó hasta que se fue estuvo aclamando y agradeciendo por todos los halagos que iban de un lado hacia otro para Gonzalo Castro.

El Chory para casi todos. Gonza para algunos. Y el Chory chico para los más cercanos, los floresinos a los que antes que nadie les anunció su retiro del fútbol profesional.

Fue una despedida que ayer se hizo realidad, primero, a través de una emotiva carta en la que demostró que dentro de sus permitidos está emocionarse y, luego, como el mejor novelista se lo hubiese imaginado: adentro de la cancha, en el partido entre Nacional y Montevideo City Torque.

—Parece que fuera ayer cuando corría tras la pelota en el querido Porongos, sin ser consciente de todo lo que vendría: mis primeros pasos por Unión Juvenil de Durazno, llegando a Nacional, Mallorca, Real Sociedad, Málaga, River Plate y el orgullo de defender la camiseta de la selección uruguaya, donde aprendí lecciones invaluables en cada uno de ellos. Cada gol celebrado, cada derrota, me enseñó el esfuerzo, la dedicación y el constante intento por ser un mejor jugador, pero sobre todo ser una mejor persona para la vida.

Levantado por sus compañeros, que lo hicieron volar por los aires, completó una tarde de ensueño en la que solo le faltó el gol y que Nacional ganara.

Francisco Ginella saluda al Chory Castro.
Francisco Ginella saluda al Chory Castro.
Foto: Estefanía Leal.

Tuvo el dribbling de sus mejores épocas, la velocidad del pibe que enamoró al fútbol europeo por 10 años y la destreza de una pierna zurda que lo llevó a jugar de galera y bastón durante el último tramo de su carrera en el fútbol uruguayo.

Todo parecía que lo hacía fácil o a media máquina. Todo transcurría como en una simulación de la cámara lenta. Pero así y todo, el Chory, a sus 39 años cumplió, los deseos se le dieron y el público, como él mismo resaltó, lo despidió con una “caricia al alma”.

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Gonzalo Castro y su plaqueta en homenaje.
Foto: Estefanía Leal.

Jugó casi media hora y en uno de sus primeros toques le pegó de tres dedos a la pelota con un chanfle que justo fue interceptado por Oscar Salomon, aunque ya dejaba buena pinta.

En poco rato, se adueñó de la banda izquierda y en una jugada de manual entre Renzo Sánchez y Francisco Ginella se encontró de frente al arco tras un buen centro atrás y solo le faltó tener más suerte para que no le bloquearan el remate.

Montevideo City Torque tiró toda la carne al asador, buscando un triunfo que lo salvara del descenso, y en la última jugada, sin Francisco Tinaglini en el arco, Nacional enfiló en una sucesión de toques un contragolpe que comandó su jugador homenajeado imprimiéndole ritmo y levantando a los hinchas de las butacas. Solo le faltó potencia y algo de precisión para, desde la mitad de la cancha y sin arquero, coronar su tarde con un grito de gol.

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