JOSE MARIA BELLO
Jorge Manicera fue un zaguero derecho fino, técnico, excepcional, admirado por propios y extraños, por un dominio poco común de las situaciones en su propia área, que es la zona más caliente de la cancha, y que a veces llevaba a que hasta los hinchas de su club sufrieran cuando entre seis u ocho piernas rivales metía un drible o amagaba y se iba con la pelota. Ese era su sello. La impronta que lo acompañó durante toda su carrera.
—¿Va al fútbol?
—No, hace más de 25 años que no voy.
—¿Por qué razón?
—Ante todo porque cada cual va a ver lo que le gusta, lo que disfruta y eso a mí no me sucede con este fútbol donde me aburro. La violencia interna y externa que existe ha ayudado mucho para que no concurriera más. Tengo nietos y jamás podría llevarlos para arriesgarles la vida porque uno nunca sabe lo que puede pasar. Y dentro de la cancha también existe violencia, mala intención, el nivel de juego ha bajado muchísimo y en eso creo que tiene que ver el apuro que tienen los jugadores por salvarse con una transferencia, lo que se hace contraproducente, porque rinden mucho menos de lo que pudieran hacerlo. Yo adoro el fútbol, me encanta, pero he optado por verlo por televisión, donde tengo la ventaja de que si no me gusta el partido que estoy viendo cambio y veo otro u otro programa. Además, me doy cuenta de que no es a mí solo que me sucede eso, porque veo el estadio con mil o dos mil personas y me da profunda pena. Recuerdo que el año que jugué con Rampla ante Peñarol y Nacional hubo 40.000 personas en el Centenario. ¿Sabe lo que me molesta de los jugadores uruguayos? Que cuando los tocan se tiran y dan vueltas y vueltas, fingiendo algo que no tienen, queriendo complicar al árbitro.
—¿Por qué se juega tan mal?
—Las culpas son repartidas pero los técnicos tienen una cuota parte muy importante. A veces escucho decir que cuando los jugadores llegan a Primera ya es difícil enseñarle algo. A mí, cuando llegué a Primera, me dirigía el "Manco" Castro, y la pierna izquierda la tenía sólo para apoyarme, pero él me tenía dos horas diarias pegándole de zurda contra una pared y salí pegándole mejor de izquierda que de derecha. No quiero que crean que tengo algo personal contra los técnicos a los cuales respeto mucho, cada cual se gana la vida como puede pero nos faltan técnicos de nivel.
—¿Cree que el mal puede venir desde la niñez?
—En mi época no había baby fútbol y lo que hacíamos era divertirnos. Ahora todo cambió. Hace poco me paré en una cancha donde había un partido de niños y me quise morir, los gritos no eran de adentro de la cancha, eran de afuera: "¡saltá, pegale, cuerpealo!", todas cosas así y me dio pena. A esa edad deben jugar para divertirse y no que ya comiencen a recibir presiones que para eso les va a sobrar tiempo.
—Usted siempre fue catalogado como un exquisito del fútbol, jamás un pelotazo, un golpe alevoso, salía jugando siempre con la cabeza levantada. ¿Eso no le trajo algún problema?
—Jamás. Ningún técnico, ni acá ni en Brasil, me dijo que no debía jugar así. Yo sentía el fútbol de esa forma y no le hubiera hecho caso.
—¿Y nunca le sacaron alguna pelota y le hicieron el gol?
—Nunca, al contrario, más que problemas me trajo satisfacciones, alegrías. Yo quería que la pelota me la dieran siempre a mí. Recuerdo que a Peñarol lo dirigía un gran amigo, como Roque Gastón Máspoli, y supe que le decía a sus jugadores que cuando yo tuviera la pelota que no se acercaran a marcarme porque podían pasarla mal y esas cosas a mí me motivaban mucho más. Lo que más me gustaba era que el contrario reventara la pelota porque yo la recibía por arriba, de frente y esas eran todas de los zagueros, no hay mejor manera de lastimar al rival que jugando con la pelota al pie.
—¿Siempre jugó de zaguero?
—No. Cuando debuté en Rampla lo hice de "centrojás", así a la antigua y en ese puesto me divertía porque lo que me gustaba era tener la pelota y ese lugar era ideal. Cuando llegué a Nacional Hugo Bagnulo me puso de back izquierdo pero luego jugué de back derecho, de lateral derecho cuando jugábamos frente a Peñarol para marcar a Joya —gran jugador, gran persona y uno de esos que jamás se revolcaba para intimidar al árbitro como lo hacen ahora— y hasta de lateral izquierdo.
—Nuestro país se caracterizó por las defensas fuertes, compactas, y ahora es al revés, tenemos defensas endebles a las que cualquier equipo supera fácilmente.
—Lo que sucede es que ahora todo el mundo quiere ser volante o delantero porque piensa sólo en el pase al exterior. Antes para armar la selección había cinco o seis jugadores por puesto en la defensa y ahora hay que improvisar y sino que me digan qué lateral, lateral, tanto derecho como izquierdo de nivel tenemos, no hay y por lo tanto hay que inventarlo. Ahora los que sobran son corredores, pegadores y ese tipo de jugadores. Me da mucha pena ver que los equipos extranjeros vienen acá y en el estadio son los amos y señores, ellos son los locatarios y nosotros lo aceptamos plácidamente. Antes acá no perdíamos nunca e íbamos afuera y le hacíamos partido a cualquiera y que no se vayan a creer que era porque éramos más guapos y pegábamos porque esa es una gran mentira, ganábamos porque jugábamos bien al fútbol, poníamos la pierna fuerte y nos hacíamos respetar pero, salvo excepciones, no se pegaba.
—¿Cómo se cambia el actual momento de nuestro fútbol?
—Hay que dar vuelta la tierra. Es como en el campo, luego de la cosecha se deja descansar un poco la tierra y luego se da vuelta para sembrarla, ponerle fertilizantes y que lo que nazca sea bueno. Acá hay que hacer lo mismo, sino nunca va a cambiar nada. Pero creo que acá va a ser muy difícil porque el gran problema es económico y de rencillas internas como la que existe entre la AUF y la Mutual y cuando hay enfrentamientos es muy difícil ponerse de acuerdo. Acá los jugadores brotan, en el interior aparecen por todos lados pero hay que cuidarlos, existen muchos problemas de base, de alimentación, que no fueron encarados y mientras no le hinquen el diente al tema no se solucionará y cuando se lo hinquen, si es que lo hacen, demandará mucho tiempo ponerse a rueda, por eso hay que hacerlo ya.
—¿Vio a la selección Sub 17?
—La vi y la verdad es que me gustó bastante, pero deben seguir trabajando mucho para llegar a la cima que, para ellos, aún está muy lejos. Será primordial no endiosarlos y que no se la crean.
—Usted agarró una época muy buena de Peñarol.
—Es verdad, pero sé que gané más clásicos de los que perdí.
—¿Qué significaba un clásico?
—Lo máximo, un fiesta de verdad que yo disfrutaba.
—¿Tenía amigos en Peñarol?
—Varios, Abbadie, Forlán, Caetano, el "Tito" Gonalves, el "Lito" Silva y otros que ahora no recuerdo; además, yo nunca tuve ningún enfrentamiento con ninguno, ni de Peñarol ni de ningún otro cuadro. Yo siempre jugué a muerte, pero no fui artero y jamás pegué un planchazo.
—Estuvo en el Mundial de Londres en 1966 donde dirigió Ondino Viera. ¿Qué sucedió en ese Mundial?
—Fue vendido. La final era Uruguay y Argentina y lo vendieron. Los dirigentes no pueden ir a pasear y a buscar regalos, tienen que ir a defender a su país. Cuando vimos que nos ponían un juez inglés a nosotros que jugábamos con Alemania y un alemán a Argentina que jugaba con Inglaterra, sabíamos que éramos boleta y fuimos. Estábamos cocinados. A los 12’ nos anulan un gol, a la media hora un penal increíble a nuestro favor no lo cobran y luego en las fotos apareció la pelota en la mano de Schnellinger. Media hora y 2 a 0, aquel equipo no perdía más y fuimos boleta.
—Se han contado varias historias sobre Troche en ese partido; ¿qué pasó?
—Es un problema de él.Yo nunca voy a señalar a un jugador, que cada uno se haga responsable de sus actitudes. Pero acá nadie dijo nada de los dirigentes y yo vi a uno de ellos que en un bolso tenía ocho pares de zapatos que eran para nosotros y se los llevó él. A mí no me importaba que se los hubiera llevado si nos hubiera defendido como correspondía y nosotros hubiéramos jugado la final, pero no lo hizo y se quedó con lo que no le correspondía.
—¿Qué jugador le gustó más?
—Tuve la suerte de jugar con Jairzinho que fue un fenómeno pero lógicamente que hubo otros: Pelé, Eusebio, Coluna y, sólo como jugador de fútbol, Maradona.
—¿Y actualmente en nuestro fútbol?
—Paolo Montero. Es un referente, que aunque esté mal entrenado y no haya jugado, debe estar en la cancha porque la defensa anda a su ritmo y bajo sus órdenes.
—¿Nacional le ha reconocido lo que fue como jugador?
—En una oportunidad me convocaron para la entrega de medallas y fui pero por lo general acá no se le reconoce al jugador. Yo no me siento dolido porque sé cómo es la cosa y jamás espero que se acuerden . En otros países es diferente y si no vea que a Revetria le hicieron un homenaje en el Cruzeiro, al "Pardo" Abbadie en el Génova. Un hecho inusual es que a mí me invitó Racing argentino, donde yo no jugué, a una fiesta y me mandaron los pasajes para mí y mi señora y nos alojaron en una chacra y pasamos bárbaro. Acá es diferente. El otro día cuando reinauguraron el Parque Central nadie se acordó de los jugadores de antes, pero yo no guardo rencor, está todo bien.
—¿Cuando joven era hincha de Peñarol?
—En mi casa todos eran de Peñarol, mis hermanos eran todos socios y yo como era el más chico nunca fui, pero no oculto nada. Peores son sus colegas, que la gran mayoría de ellos son todos hinchas de equipos menores. Yo jugué en Nacional y me maté por Nacional, porque a mí me pagaban el sueldo.
—¿Qué Uruguay le gusta más: el de Carrasco o el de Fossati?
—Son distintos. Al de Carrasco no lo dejaron trabajar. Primero lo endiosaron —los periodistas— y en cuanto llegó un fracaso le dieron a matar. Ahora está Fossati, quien ha perdido más puntos de los que ganó, pero creo que últimamente ha mejorado. Creo que acá se traen muchos jugadores del exterior y me refiero a aquellos que traen y muchas veces ni en el banco están.
—Usted, que jugó en Brasil, ¿tiene alguna idea de por qué cuando juegan ante Uruguay no rinden como ante otros rivales?
—Cuando juegan ante nosotros siempre ponen un pie atrás y siempre tropiezan. Ellos mismos me lo decían: "no sabemos qué nos pasa, cuando jugamos contra Uruguay tenemos algo como si quedáramos hipnotizados".
—¿Casal es positivo o negativo para el fútbol?
—Positivo. Nunca un jugador uruguayo ha ganado tanta plata y cuántos otros que están alrededor de él, que no juegan al fútbol, también ganan un dineral. No sé cómo hace para meter tantos jugadores uruguayos en el fútbol europeo, nunca se vio.
Jorge Manicera sigue manteniendo su estampa, sólo las canas denuncian el paso de los años. Ahora se dedica a ayudar a su yerno, que tiene una casa de comidas "Old’Maz" en 21 de Setiembre y Francisco Vidal: "hasta teatro tenemos en el primer piso" agrega quien, sin duda, fue uno de los zagueros más virtuosos de la historia del fútbol uruguayo.
"Estamos a años luz"
"Estamos muy atrasados y le voy a contar un hecho que pinta de cuerpo entero lo que todavía nos falta recorrer. A fines del año 1968 vengo de Brasil por unos días a pasar las fiestas acá, un periodista me hace una nota y entre otras cosas le manifesté que en Flamengo teníamos un psicólogo en el plantel y el hombre me miró con cara rara y era la realidad. No debemos olvidarnos que allá los jugadores vienen con muchas carencias, tanto intelectuales como de relacionamiento, y para eso se necesita ese tipo de profesionales. Eso sucedió hace casi 38 años y yo acá todavía leo y escucho si es o no positivo un psicólogo en el fútbol y no puedo creer que en un país como el nuestro, donde las dificultades económicas son acuciantes y hay muchos jóvenes con problemas más difíciles de solucionar que los que había en aquellos tiempos, estemos dudando entre si sirven o no. Creo que a esta altura son imprescindibles, tanto para los jóvenes como para los mayores pero sucede que estamos a años luz de todo".
Los miraban de afuera
"No tiene nada que ver con la pregunta pero me vino un recuerdo a la cabeza, yo en Rampla debuté en primera jugando al lado de Oscar Omar Migues y de Angelito Labruna. En esa época nos concertábamos en Salinas y en ese plantel estaban, entre otros, Brazzionis, Pedro Rodríguez que era el golero, Alberto Kulik y cuando ellos se ponían a jugar al truco nosotros, los jóvenes, sólo podíamos mirarlos, había respeto y que no se entienda mal, no era sumisión era ubicación, eso todo se ha perdido".
Perfil
Nombre: Jorge Manicera Fuentes.
Nació el 04/11/38.
Barrio: Villa Dolores.
Esposa: Marta Sonia Durán (casi 40 años de casado).
Hija: Marta Lourdes.
Nietos: Maximiliano y Alexis Friss Manicera.
Inicios: En los campitos del Buceo (Ramón Anador y Larrañaga) jugando en el Duilio.
Profesional: Desde 1958, cuando debutó en la quinta de Rampla
Carrera: 1961 debuta en la primera de Rampla Jrs. Desde 1962 hasta 1966 Nacional, donde sale campeón uruguayo en 1963. Desde 1967 hasta 1970 en Flamengo de Brasil, donde salió campeón en 1967 y 68 y vice en 1969. En el año 1971 jugó unos meses es Cerro y luego se retiró. Participó en el Mundial de Londres de 1966.