SILVIA PEREZ
Hoy papá va a venir muy triste, así que vamos a portarnos bien y a tratar de que se ponga contento", le advirtió el domingo al mediodía María a su hija Melina de siete años. En realidad, la niña que mira los partidos en los que juega su padre, Fabián Césaro, por televisión ya tenía las cosas claras.
Ella, a diferencia de su hermanito Guillermo, que tiene sólo tres años, entiende todo y ya ha tenido que sufrir algún problemita en la escuela cuando sus compañeros, hinchas de Nacional, le dicen algo sobre su padre.
Ayer, el volante aurinegro estaba encerrado en su casa de Playa Pascual. No quería salir ni a la esquina.
—¿Alguna vez habías pasado por algo así?
—No, nunca viví algo así en mi carrera. Es un momento muy complicado y no le encuentro explicación. El domingo habíamos arrancado bastante bien y los primeros 15’ o 20’ dominamos el partido, pero el primer gol nos mató. Para peor empezó el segundo tiempo y nos hicieron el segundo. Puede ser que haya influido lo del partido anterior con Danubio, pero eso no es todo.
—¿Les afecta lo que les canta la hinchada?
—No niego que moleste. Es feo que tu gente te grite, pero a mí no me influye tanto porque hace tiempo que estoy en Peñarol y las cosas siempre fueron de la misma manera. Es bravo que te insulten y que todo el ambiente del fútbol te esté matando, diciendo que no jugás a nada y que ninguno sirve para nada, pero lo entiendo porque el equipo no juega bien. Es lo que nosotros demostramos en la cancha.
—¿Morena les dijo algo?
—No, nada. Pobre tipo, qué va a decir. No bajó ni a comer. Nosotros nos sentamos a la mesa porque la gente del hotel tenía todo preparado, pero no nos pasaba la comida. Yo estaba deseando llegar a mi casa. En este momento te tenés que aferrar a tus hijos, a la familia y a algún compañero que está sufriendo igual. Yo llamé a alguno y todos estaban igual. Yo estoy metido acá, en mi casa, y no quiero salir ni al fondo. Pero sé que si me entrego es peor. Es cierto que no jugamos bien y que no nos sale nada, pero si además me entrego es peor.
—¿Crees que las cosas que dijeron algunos dirigentes a propósito de que iban a quedar muy pocos del actual plantel, puede haberlos afectado?
—Son cosas muy feas de escuchar, pero creo que fue todo por las elecciones. Además, Damiani, que es un fenómeno, fue a Los Aromos y nos explicó todo. Hacía muchos años que no lo veíamos por Los Aromos y después de un 7 a 2 en lugar de esconderse fue.
—¿Estás contento de que haya ganado?
—Sí. Conmigo siempre se portó muy bien y con el plantel también. Siempre paga en fecha, que es lo que tiene que hacer un dirigente. Lo que pasa es que en este momento el hincha quiere que se vaya Damiani y todos nosotros. Y es lógico, yo en lugar de ellos sentiría lo mismo.
—¿Ya estás pensando en el clásico?
—Sí, por suerte el fútbol tiene estas cosas y el domingo tenemos el partido más importante de todos. Ganar el domingo es lo único que nos queda. Recién después veremos los puntos y los partidos que faltan. Jugar un clásico frente al que el periodismo dice que es el mejor plantel del medio es una chance muy linda. El fútbol nos da, justo ahora, la oportunidad de jugar el partido más esperado.
—Hace un rato reconociste que después del primer gol de Plaza se murieron, ¿qué puede pasar si con Nacional sucede lo mismo?
—Ojo, que no es lo mismo que te haga un gol Nacional a que te lo haga Plaza. Son otros partidos y todos lo vivimos de otra manera. Tendrá que aparecer la jerarquía de cada uno y demostrar que la camiseta de Peñarol está vigente. Tenemos que darnos cuenta que estamos jugando en Peñarol. Tenemos que querer más la camiseta, no nos puede pasar esto.