SILVIA PEREZ
A pesar del mal tiempo, que no permite salir mucho a la calle, el Cerrito de la Victoria ya palpita lo que va a ser el partido de mañana frente a Nacional. El primer partido oficial frente a un equipo "grande". En realidad, según recuerdan Ruben Mourigan, a quien llaman el historiador de Cerrito, y Walter Cocchiararo, un ex jugador del club, Cerrito ya jugó una vez con Nacional. Fue en la década del 70, en un campeonato donde participaban equipos de la A y la B. El técnico de Cerrito era Juan Joya, que dirigía y jugaba. En esa oportunidad fueron goleados por los tricolores 7 a 0, pero la gente del barrio asegura que esta vez va a ser diferente.
La euforia que se vive en la barriada es difícil de describir. Es la primera vez, en casi 75 años de vida, que la institución juega en la A y por si fuera poco lidera la tabla de posiciones del Torneo Clasificatorio.
Hoy el club es presidido por Artigas Melgarejo y gerenciado por Walter Audifred. Los directivos no se cansan de hablar del complejo que ha comenzado a construirse en Aparicio Saravia y Burgues con el apoyo del Ministerio de Obras Públicas y la Intendencia, pero para llegar a esa realidad, tuvo que pasar mucha agua bajo el puente.
Cerrito, nació el 28 de octubre de 1929 y fue fundado por Esteban Marino, Juan Carlos Sofía e Ignacio Espino. Los tres integraban un grupo de muchachos que paraban en el bar y almacén que estaba ubicado en León Pérez y Juan Acosta y andaban siempre dando vueltas por esa esquina. Un día, Ramón Mourigan, el padre del historiador actual, les preguntó por qué en lugar de andar por ahí, no se dedicaban al deporte, concretamente al fútbol. A los jóvenes les gustó el desafío y fundaron un club. No tuvieron que pensar mucho para ponerle el nombre, tenía que ser el del barrio. Tampoco les dio trabajo decidirse por los colores. El padre de Marino tenía tienda y las únicas telas que quedaban en ella, eran de color amarillo y verde. Mientras las mujeres de las familias del barrio confeccionaban las primeras camisetas, el equipo comenzó a jugar con unas negras y rojas que les prestaron en el almacén por mayor "Casa Molina". Al mismo tiempo María Elena Fernández, más conocida como "Neneta" bordaba la primera bandera, que hoy, descolorida y ajada por el tiempo, sigue acompañando a la hinchada en los acontecimientos importantes.
La nueva institución comenzó a jugar partidos amistosos y luego a participar en los campeonatos de la Liga Reducto y la Liga Centenario. Increíblemente, antes de afiliarse a la AUF, cosa que hizo en el año 45, se inscribió en la Federación Uruguaya de Básquetbol, deporte en el que comenzó a competir oficialmente en el año 37. El rectángulo estaba ubicado en León Perez y Joaquín Artigas y el segundo jugador norteamericano que llegó al Uruguay, Bobby Williams Monroe, defendió a Cerrito en el año 1964.
Tanto Ruben Mourigan y Walter Cocchiararo, como el dirigente Mario Balesteri no pueden creer lo que están viviendo la institución y el barrio. "Es impresionante", coinciden los tres. Y Walter agrega: "es un momento muy especial, sobre todo para uno que nació acá, se crió acá y jugó en el club. Hoy vamos a las canchas y nos encontramos con mucha gente que hacía tiempo que no veíamos y no hacemos otra cosa que conversar y abrazarnos".
Con respecto a la gente que acompaña a Cerrito en sus primeras incursiones en la A, Balesteri cuenta orgulloso que el fin de semana pasado para el partido frente a Tacuarembó, fueron 4.000 hinchas al Parque Palermo. Pero enseguida aclara que siempre fue mucha la gente que siguió al club: "en la B también acompañaban, es más, ahora en la B se va a sentir nuestra ausencia. El gran orgullo nuestro es que las generaciones nacen hinchas de Cerrito. El equipo tiene una gran hinchada porque el Cerrito de la Victoria tiene 58.000 habitantes y además, quedan pocos clubes que tengan el nombre del barrio. Quedamos nosotros, Cerro y Villa Española, nada más y eso también influye". No se permiten terminar la charla sin aclarar que: "los límites del barrio son General Flores, Propios, Chimborazo y San Martín, eso prueba que Rentistas no pertenece al Cerrito, es del barrio Porvenir. Y además, Rentistas siempre fue una sucursal de Cerrito, los jugadores que no tenían lugar en Cerrito se iban para Rentistas".
Hay una bisabuela que grita cosas irreproducibles
Es imposible visitar el barrio y no pasar por el salón "El Faro", que pertenece a la familia de Héctor Vilches. Vilches y Ruben Morán fueron los dos jugadores de Cerrito que integraron el plantel de la selección uruguaya en el Mundial del 50. Conocer a Hethel, la viuda de "Tito" Vilches es un verdadero placer. Hoy con sus casi 73 años sigue tan fanática de Cerrito como siempre, integra la Comisión de Damas de la institución hace muchos años y no se pierde un solo partido: "siento un gran orgullo por haber acompañado al club en las ligas barriales, en la Extra, la Intermedia, y en la "B", ¡no voy a dejar de ir justo ahora que subimos a la "A"! Voy siempre y grito como loca, cosas irreproducibles. Llevo una vida metida en Cerrito, un cuadro donde hay mucha amistad".
La familia de Hethel está compuesta por dos hijas, seis nietos y tres bisnietos. "Todos son de Cerrito, al menos no creo que ninguno me haya traicionado". Y los que llegan a la familia tienen que ser del barrio y por supuesto hinchas de Cerrito. "Por suerte el novio de mi nieta más chica es De Negri que juega en el equipo".
Uno de los bisnietos, Ignacio, de tres años, aclara enseguida con su nítida vocecita que es hincha, primero de Cerrito, y después de Peñarol. Mientras tanto, su coqueta bisabuela aprovecha la interrupción para ir a ponerse las caravanas antes de la foto. Vuelve y confiesa que: "todavía no aterrizamos del todo con lo que está pasando. Estamos tan felices que no nos damos cuenta de lo que es". Y luego se permite soñar: "me gustaría verlo en la Libertadores, eso sería como cumplir el sueño del pibe. Nos conformamos con mantenernos en la "A", pero aspiramos a más... y si se trata de soñar, lo quiero ver en Japón, ¿por qué no?
Pepe Carioca por Fúlmine
Para la gente de Cerrito, el partido frente a Nacional será una fiesta, por eso tienen preparadas algunas sorpresas. A las 15:45 actuará Bafo Da Onca, y un Pepe Carioca, la mascota del club, de 3 metros de alto, se paseará en la cancha. Con respecto a la mascota, cabe recordar que hubo una época en los 60’, que la mascota era Fúlmine, pero como no ganaban ni un partido la sustituyeron por el simpático Pepe Carioca, y la suerte cambió.
Fallaron los inversores; Walter, no...
Los éxitos deportivos y la alegría que hoy vive el Cerrito de la Victoria no hubiesen sido posibles sin el gerenciamiento del empresario Walter Audifred. Aunque no se trata de un gerenciamiento cualquiera, porque Audifred es un hombre del barrio: "yo me crie en el Cerrito y fui presidente de la institución en dos períodos, en el 85 y en el 89. No soy sólo el dueño de una casa de electrodomésticos, soy un tipo de fútbol, e incluso jugué en Sud América. Tuve vivencias que me permiten ver muchas cosas. Cuando dejé de ser dirigente de Nacional, comprendí que hoy el fútbol sólo puede funcionar profesionalmente, como una empresa. Esto con Cerrito comenzó hace dos años, cuando el club tenía problemas económicos y no podía comenzar a jugar. Yo les adelanté el dinero, pero la idea era conseguir un grupo de inversores. Eso no fue posible por la situación del país, entonces me quedé yo. Hoy es una satisfacción que el barrio donde yo me crie esté viviendo este momento".
Un minuto de silencio por el burro
Son muchas las anécdotas que recuerdan el pasaje de Cerrito por las diferentes ligas y divisionales. Una de las más conocidas tiene como protagonista a Miguel Sirigiano, un jugador de las primeras épocas del club que era verdulero. Una tarde, Cerrito jugaba un partido en una de las ligas de barrio y el juez anunció que se realizaría un minuto de silencio. Los espectadores se preguntaban quién había fallecido. Pensaban en alguna personalidad del barrio o de la Liga, pero no, ¡el que se había muerto era el burro de la jardinera con que Sirigiano repartía la verdura!