JORGE SAVIA
"Era un gato". La definición de Raúl Cal, ex presidente del club San Carlos, es tan exacta como afirmar que la forma de descolgar centros y atajar bajo los palos que distinguía a Roberto Sosa, "encuadraba" justo dentro de lo que pretendía describir aquel latiguillo que utilizaban los relatores de antes cuando un arquero se quedaba con una pelota aérea y exclamaban: "¡Salta y atrapa!"
Con ese estilo y un par de herramientas que no hace mucho llevaron a Hernán Navascués a quedar impresionado "por lo grande que eran sus manos" cuando lo conoció personalmente porque un alemán que coleccionaba guantes de arqueros famosos mandó a la sede de Nacional un par que habían sido de Sosa para que alguien lograra que los autografiara, el "meta carolino" -como le decía Heber Pinto, que también exclamaba que "¡voló como un Caravelle!" ante sus palomas tan espectaculares como eficaces- se constituyó en puntal y referente de consistentes triángulos finales que tuvieron los tricolores hace más de 40 años: Sosa, Marichal y Di Fabio; Sosa Troche y Emilio Álvarez; y Sosa, Manicera y Emilio Álvarez.
Es que no sólo se identificó con Nacional por su vigencia prolongada; fue Nacional mismo en lo más hondo de su alma: así como la noche que lo trajeron desde San Carlos durmió en la sede envuelto en una bandera tricolor, tras haberse ido un año a Chile, volver y perder todo lo que había ahorrado en una gomería con la que dos socios "lo dejaron en la calle", Cataldi lo quiso llevar a Peñarol, le ofreció 10 millones de pesos, pero él "murió" -como ahora- con la suya y se fue para sus "pagos".
El meta Carolino
Roberto Sosa nació en San Carlos el 14 de junio de 1935, y -aunque se inició con 13 años en el Neptuno- fue en el club que lleva el nombre de su ciudad de origen donde empezó a destacarse, lo que hizo que a los 17 -cuando jugaba en el Policial- fuera "captado" por Nacional. Integró la selección de Uruguay que ganó el Sudamericano Juvenil de Venezuela en 1954, Ondino Viera lo empezó a incluir en el primer equipo un año más tarde, lo que determinó que esa temporada, al igual que en 1956, 1957, 1963 y 1966 se coronara campeón uruguayo. Fue el arquero titular de la selección celeste que jugó el Mundial de 1962 en Chile y 4 años después le tocó ser suplente de Mazurkiewicz en el Mundial de Inglaterra. En 1959 se erigió en pilar de la selección que conquistó en forma invicta el Sudamericano Extra de Guayaquil, donde mantuvo la valla sin goles en contra hasta el último partido, contra Paraguay, cuando ya Uruguay había ganado el campeonato.