DIEGO PÉREZ
Ya en los minutos finales del clásico y sobre el arco de la tribuna Colombes, el delantero de Nacional, Richard Morales, fue a buscar un pase profundo de un compañero. Juan Castillo, arquero de Peñarol, salió raudo en busca del mismo balón. Con ambos jugadores lanzados en carrera, el choque sobre el costado izquierdo del área fue inevitable y violento. Tanto, que Castillo quedó tendido en el césped del Centenario y -nervios de por medio- terminó internado en el sanatorio de Casa de Galicia.
El arquero se llevó la peor parte del involuntario episodio porque la rodilla del "Chengue" impactó en su zona lumbar baja. Los gestos de dolor y la quietud mostrada por Castillo impactó a más de uno.
"En un momento me puse nervioso", contó el médico de Peñarol, Alfredo Rienzi. "Juan no podía mover una de sus piernas, por eso decidimos llevarlo al sanatorio para realizarle una tomografía".
El estudio confirmó que Castillo sufrió una pequeña fractura en el ala ilíaca, hueso ubicado a la altura de la pelvis. Además, el estudio mostró un importante hematoma en toda la zona. Lo bueno, para aquellos que prefieren ver la mitad llena del vaso, es que la lesión fue sin desplazamiento óseo. En caso contrario, posiblemente hubiese requerido una cirugía y por ende un tiempo de recuperación bastante más prolongado.
La lesión requiere un tratamiento en base a reposo de entre tres y cuatro semanas, por lo que estará prácticamente un mes sin entrenar. Pasado ese período de tiempo y si todo sale como se espera, el Dr. Rienzi afirmó que Castillo no padecerá ninguna secuela. Su lesión pasará a ser sólo un recuerdo de un clásico que mostró pocas luces y muchas sombras.
"Juan estuvo muy dolorido, pero en ese sentido ha evolucionado. Sobre el mediodía de ayer ya fue derivado a su casa porque mostró una franca mejoría", contó el médico carbonero.
Y así lo manifestó el propio Castillo, un poco más tranquilo con el paso de las horas y en compañía de esa gente que siempre está y estará al pie del cañón, en las buenas y en las malas: su familia. "Estoy mejor, pero en el primer momento me asusté. Sobre todo por el lugar donde sentí el golpe. Me empezó a doler mucho la pierna izquierda y la verdad es que no quería ni moverla por temor a que fuese algo más complicado", contó el arquero de Peñarol.
Son los gajes del oficio, se suele decir. No hay dudas que su puesto pocas veces es de los más gratos dentro de una cancha de fútbol. En el arco se está expuesto en todos los sentidos. Los errores, por mínimos que sean, suelen tomar una dimensión exagerada. Y el físico se arriesga más de la cuenta.
"Los arqueros somos los más desprotegidos y siempre llevamos las de perder, por eso ya estoy acostumbrado a chocar, a golpearme", asumió Castillo. Seguramente cada golero lo sabe, pero otra no le queda. "A la hora de salir a cortar una jugada ni lo pensamos, si no nos quedaríamos clavaditos en la línea del arco", contó.
Chocar con el corpulento "Chengue" Morales y cuando éste viene en plena carrera, no es una situación que alguien pueda desear o recomendar, por lo menos a un amigo. Castillo contó que vio la jugada por televisión y fue bastante claro al respecto. "Y... la verdad es que estuvo bravo", asumió antes de afirmar que sabe bien que fue una jugada normal, sin malas intenciones de por medio.
Cosas del fútbol, podría decirse. Es más, la lesión de Castillo se produjo porque intentó cubrirse y su instinto lo llevó a tratar de evitar un golpe de frente. Por eso giró el cuerpo y la pierna de Morales terminó impactando en su espalda. Para Castillo, la explicación es que "el jugador de cancha tiene más chances de protegerse. Los goleros usamos las manos para ir a buscar la pelota, no para cubrirnos".
Pero dicen que no hay mal que por bien no venga. "Cuando a uno le pasa este tipo de cosas, se da cuenta cuánto lo valoran. El teléfono no ha dejado de sonar para brindarme apoyo. Sé que mis compañeros se asustaron bastante cuando me vieron tan dolorido", afirmó Castillo, uno de los arqueros de la selección.
Si bien hasta caer la tarde de ayer el "Chengue" no se había comunicado con Castillo, sabido es que en el mismo vestuario tricolor el delantero mostró su preocupación y le encargó al fisioterapeuta, Walter Ferreira, que lo informara sobre el estado del arquero de su tradicional rival.
Al partido en sí, Castillo lo definió como "apático". Y claro, el golpe fue en la espalda, no en la cabeza, por eso recuerda bien el paupérrimo espectáculo que brindaron los equipos grandes del fútbol uruguayo. "Creo que manejamos mejor la pelota y tuvimos alguna chance más que clara de gol, cosa que Nacional no tuvo", analizó.
Y acerca de los problemas que se dieron sobre el final del partido dijo que "son cosas normales por la manera en que se vive un clásico". A Castillo le tocó mirarlo por televisión. Todo transcurrió con él tendido en el césped. No quedan dudas, a esa altura el arquero tenía asuntos mucho más importantes por los cuales preocuparse.