Arrigo Sacchi

| El técnico que inventó el fútbol "a la milanesa" e hizo correr al equipo italiano "hacia adelante"

Andrea de Pauli

DB - EL PAIS: A menudo se habla de un fútbol antes y después de Arrigo Sacchi...

A veces me han atribuido méritos que no me pertenecían, pero le agradezco de todos modos. Sólo creo haber sido consecuente con mi cultura, mi naturaleza y mi manera de pensar.

¿Cuál sería su partido ideal?

Un espectáculo y no un conjunto de episodios, como se escucha a menudo. Debe estar constituido de 60-65 minutos de continuidad, de emociones, de alegría, de magia... El talento sólo puede comparecer así. No podemos esperar que surja en medio de la nada.

¿Cómo se puede construir un equipo que juegue este tipo de partidos?

Todo esto es teoría. Hay que tener suerte para encontrar una entidad seria, con un proyecto definido. El club tiene que buscar un entrenador que se case con su filosofía y fichar jugadores de talento, que sean complementarios entre ellos a nivel psicológico, técnico y táctico. Los futbolistas tienen que estar motivados y amar su trabajo. Obviamente, necesitan de aptitudes y talento, pero si carecen de motivación y de modestia, jamás se convertirán en grandes jugadores.

¿Es muy complicado enseñar esta mentalidad?

La mentalidad no la enseña sólo el entrenador. En mi opinión, el carácter es un hecho genético mientras que la personalidad es fruto del ambiente en el que vives. El entorno es fundamental.

¿Cómo debe ser el técnico de este equipo ideal?

El entrenador tiene que trabajar en un ambiente tranquilo, donde pueda exprimir sus conocimientos y ampliarlos. Si es al revés, al mínimo error se sentirá acusado y perderá fantasía, valor, carácter...

La leyenda cuenta que viajando por Europa como representante de zapatos, usted seguía los entrenamientos de muchos equipos...

Es verdad... En realidad, viajando por el extranjero sufría cuando la gente sólo me hablaba de espaguetis, macarrones, mafia y `catenaccio`. Me fastidiaba muchísimo. No tenía nada en contra de los espaguetis ni de los macarrones, contra la mafia no podía hacer nada, así que intenté acabar con el `catenaccio`.

De hecho, usted se lamenta a menudo del `juego a la italiana` y no de los italianos.

Me gustaría que los italianos fuesen siempre sinónimo de ejemplos positivos, pero la realidad es diferente. Un día escuché a un alto dirigente de la UEFA que antes de un partido importante soltó: "Si el equipo italiano gana la final, será un día muy triste para el mundo del fútbol, porque querrá decir que habremos dado un paso atrás".

¿De dónde surge esta idea?

Existe una mentalidad que no nos ayuda, que se centra en que los italianos juegan a la defensiva, no para dar un buen espectáculo. Una vez me invitaron a una reunión organizada por la federación inglesa de fútbol y la primera pregunta que me hicieron los entrenadores de la Premier League fue: "¿Cómo consiguió hacer correr a los futbolistas italianos hacia adelante?".

Sus doctrinas han creado escuela, sus `chicos` ahora entrenan con éxito: Ancelotti, Rijkaard, Van Basten, Donadoni…

(Risas). Aquella época ya pasó. De todos modos, me gusta decir que ellos han llegado a ser buenos técnicos porque hacen lo contrario de lo que hacía yo. (Risas de nuevo). La verdad es que todos sus equipos están jugando muy bien. Hasta ahora, el Barcelona ha desarrollado el mejor fútbol, el más divertido, el más emocionante.

¿Reconoce sus ideas en el juego de alguno de estos equipos?

En algunas cosas pienso que el Barcelona es lo más cercano a mi Milan de 1989 y 1990.

¿Cuáles son los mejores equipos europeos en este momento?

El equipo más divertido, como le he dicho, es el Barcelona. Otro es el Chelsea de Inglaterra, un equipo con una lucidez increíble para saber lo que quiere. Su fuerza reside en los contragolpes rápidos, una velocidad extraordinaria y los movimientos colectivos, con y sin balón.

Me parece que en el Atlético de Madrid, en 1998, intentó repetir su trabajo en el Milan…

Era un buen proyecto. Estábamos luchando en la Liga de Campeones de Europa y perdimos dos o tres partidos en la Liga local. A pesar de mantenernos arriba en Europa, el entonces presidente del club -Jesús Gil- estaba inquieto. Como no me podía echar, porque tenía un contrato blindado que me garantizaba un montón de dinero, me dijo: "Sabe, hemos perdido algunos partidos...". A diferencia de su hijo, que ya había comprendido que estábamos haciendo milagros, él no se daba cuenta. Yo no esperé más y contesté: "No se preocupe, no quiero nada y me voy". Al final, aquel equipo que peleaba por Europa, se salvó sólo del descenso en la última jornada de la Liga, tras cambiar dos entrenadores.

¿Cuál ha sido el triunfo más satisfactorio? ¿Y el fracaso más doloroso?

La derrota de Italia, la de la Euro`96 en Inglaterra, cuando estábamos jugando bien y nos eliminaron injustamente. La victoria… seguramente la primera Copa de Europa del Milan contra el Steaua de Bucarest.

En el Mundial`94, donde usted era entrenador de Italia, llegó a la final y la perdió por penales con Brasil...

Conseguimos resultados superiores a nuestras posibilidades y capacidades. Pienso que hay que estar satisfechos con lo que hicimos.

Se especuló mucho sobre sus relaciones con Roberto Baggio. ¿Por qué un gran jugador como él, tan tranquilo, vivió tantas dificultades con sus entrenadores?

El es un chico buenísimo, pero le sentó muy mal que le sustituyera en un partido (frente a Noruega, en Estados Unidos`94). Creo que con el tiempo, llegó a entender mi elección. Fue un grandísimo jugador y conmigo jugó particularmente bien, tanto que, quizás, con mi selección alcanzó su mejor nivel.

Usted vive intensamente sus experiencias. ¿Ha cambiado últimamente?

En realidad pienso haber perdido un poco de entusiasmo. El fútbol sigue siendo mi vida… Pero, le repito, me cuesta mucho alejarme de mi casa en Italia.

Usted ha dividido a la Italia futbolística en dos bandos: sus partidarios y sus detractores.

Yo no quería separar a nadie ni a nada. Sólo sentía un gran amor por el fútbol. Intentaba desarrollar mis ideas poniendo el máximo empeño, solamente eso. Por suerte tengo más partidarios que detractores.

"El Barcelona tiene el mejor fútbol y el más divertido"

CONFIDENCIAS

"Soy un hombre afortunado: he entrenado sin ser jugador, tengo un diploma sin haber ido a la universidad, soy `sommelier` sin haber probado el vino...".

"No creo en las casualidades. Probablemente en mi carrera han influido muchos factores, un poco de suerte, el hecho de practicar un fútbol diferente".

"Pude `presumir`, hasta este año, de haber sido el único técnico que perdió una final de la Copa del Mundo en los penales, en 1994".

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