El cimbronazo y -por ahí inesperado- golpe de timón que dio la Unión de Rugby del Uruguay tiene un objetivo claro: acercar a los clubes a las selecciones nacionales, algo que bajo la conducción de Rodolfo Ambrosio no se estaba logrando según entendían desde la organización.
¿Por qué? Muchas instituciones alzaron la voz. Se sentían algo dejadas de lado en cada proceso y, en definitiva, son las que históricamente nutrieron a Los Teros, algunas con mayor injerencia, otras con menos. Pero esas eran las bases del rugby uruguayo.
Ambrosio dejó -en poco tiempo- una huella y un estilo de juego que hizo crecer a Uruguay en varias aristas, sobre todo en el ofensivo. Ahora el desafío del nuevo staff será tomar lo bueno de ese proceso y, por supuesto, ponerle su impronta al equipo a un año del Mundial de Australia.
Ese será el reto, pero para que todo salga bien, el trabajo será clave y la experiencia pesa. Guzmán Barreiro, el nuevo head coach, conoce como pocos las estructuras de las selecciones y tal como el alto rendimiento así lo demanda, se conformó un staff extenso, con Teros mundialistas y profesionales en distintas áreas para que el cambio, además de positivo, se transforme en prometedor pensando en una nueva Copa del Mundo en la que Uruguay buscará hacer historia.