Adaptarse a un nuevo monoplaza no es únicamente una cuestión de velocidad, sino de cuánto debe cambiar un piloto su manera de conducir. Charles Leclerc se había acostumbrado a un Ferrari con abundante freno motor para favorecer la rotación en la entrada de las curvas. La resistencia de la rueda trasera interior ayudaba al auto a girar con mayor rapidez. Pero esa respuesta, combinada con el estilo de Hamilton, más agresivo con el volante y con menor solapamiento entre frenado y giro, podía volver al Ferrari demasiado nervioso en curvas de media y alta velocidad.
En los Ferrari de efecto suelo, Leclerc demostró además una excepcional capacidad para controlar el sobreviraje, llegando a utilizar el acelerador mientras aún frenaba para reducir el efecto del freno motor y estabilizar el auto. Su telemetría revelaba una compleja coordinación entre volante, freno y acelerador, incluso de manera simultánea.
Los Ferrari de 2026 exigen ahora un enfoque diferente. Esa técnica ya no representa una ventaja; por el contrario, puede comprometer el rendimiento al consumir energía de la batería y dejar al auto sin la potencia necesaria en las rectas.