Carta de un hincha campeón: "Racing es el barrio, los amigos de la cuadra y los de toda la vida"

Recuerdo a alguien decir alguna vez, para describir su condición de nostálgico que, si hubiera un mundial de Nostalgia, estaría entre los candidatos a ganarlo. Cuando lo escuché me sentí identificado. Yo también sería un candidato serio para pelear el título en un mundial de la Nostalgia.

El otro día Racing, por primera vez en sus 107 años de historia, salió campeón de un torneo de Primera División. Y como hincha, al margen de la felicidad por el logro deportivo, se me agolparon en mi mente un montón de recuerdos e historias, que van más allá del fútbol y lo deportivo.

Racing tiene mucho de mi historia. Nací en Sayago. Me crie a una cuadra del Parque Roberto. Algunos podrán decirme: “es un equipo de fútbol, qué tanta cosa”. Sí y no.

Racing es un equipo de fútbol, sí. Pero también es el barrio. Son los vecinos. Es la calle Vedia. Son los amigos de la cuadra, de la infancia o, mejor dicho, los amigos de toda la vida, con los que hoy todavía nos vemos, adentro y afuera del Parque Roberto.

Racing es el árbol de coquitos de la cuadra que nos proveía de “municiones”. Es el pique cordón, el 25, la encerradita y las carreras en bici dejando los pulmones, a todo pedal, para completar la vuelta manzana entre Vedia, Ariel, Bell y Tacuabé.

Racing es la abuela Chichita preparando el Vascolet con galletitas caseras a la hora de la merienda. Es el almacén de la esquina de Tacuabé a donde, religiosamente, íbamos a comprar el agua, el pan y la leche. Y también el kiosco de Marta, que estaba abierto a todas horas.

Racing es la casa de mi infancia. Son las milanesas y el arroz con leche de mi madre, que gracias a Dios sigo disfrutando cada vez que voy al barrio a visitarla (y a ver el partido). Racing es mi viejo, que hoy ya no está, pero lo recuerdo como ese hincha de Peñarol y simpatizante de la escuelita, que cada vez que yo volvía de la cancha me preguntaba cómo habíamos salido.

Por eso, ir a ver a Racing es como volver a casa. Siempre. Es la casa de gran parte de mi historia: de la que aún vive y de la que está guardada en mi memoria. Sé que, en un futuro, cuando (y aunque) las realidades sigan cambiando, ir al Parque Roberto, va a seguir siendo ir a lo de mis viejos, pasar por la cuadra “de toda la vida”, por el kiosco de Marta, y por la casa de la abuela Chichita.

Racing, para mí, es más que un equipo de fútbol. Es esa marea que siempre me va a devolver al lugar de donde vengo. Es el resguardo de mi historia, que será contada y mostrada a las nuevas generaciones que vendrán, mientras vayamos de camino a la cancha.

Por esa historia, por este presente y por lo que vendrá: ¡Salud mi Racing querido y campeón!

Por Gastón Pérgola

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