Jorge da Silveira
Esta noche se jugará la final del Campeonato Uruguayo en medio de una situación de absoluto deterioro en la AUF, caracterizada por el caos que impera producto de la falta de respeto por los reglamentos, las instituciones y las personas, que la tornaron un verdadero far west.
Se llegó al colmo de que no se respeta ni lo votado 15 días antes por quienes desconocen su propia firma. La crisis de autoridad es total, el estilo imperante está perimido y queda claro que, o se cambia de manera sustancial o el descreimiento de la gente en el fútbol será cada día mayor.
El Ejecutivo de Figueredo hizo cosas importantes, pese a gobernar en una estructura de poder compartido difícil de sobrellevar. Pero en el afán de querer arreglar la situación de todos los clubes se cayó en continuas violaciones reglamentarias, cada vez más graves y de difícil mantenimiento. Figueredo se quedó cada vez más solo. Errores de sus compañeros comprometieron al Ejecutivo. Están en Primera clubes que no deben estar si se aplican los reglamentos.
La coparticipación en el poder del Grupo Casal tampoco ayudó. Hubo excesos notorios de algunos de sus integrantes dedicados a representaciones y transferencias de jugadores que llevaron a actitudes prepotentes y revanchistas que llevan a la gente a decir que se utiliza el poder para influir en lo deportivo.
La imagen de quienes conducen el fútbol lo transformó en un producto no confiable.
Cualquier situación planteada o resuelta en la AUF es motivo de enfrentamiento. Se juega más en la calle Guayabos que en la cancha. La organización devora personas y la gente seria cada vez quiere saber menos de participar en el fútbol.
La fijación de las finales se llevó a Carlos Maresca, quien ya había renunciado antes y se vio envuelto en la habilitación de Diogo. Nacional no quiere ir a Maroñas si antes no se fija el Centenario como escenario de un eventual tercer partido. Danubio se niega a jugar esa posible final si es en el Centenario.
Así estamos hoy. Danubio pretende confirmar su condición de mejor equipo del año y Nacional ganar estas finales tras año irregular, en el que su hinchada está más contenta por la forma en que se ganaron los dos últimos clásicos que por la campaña.