Por Jorge Savia
Si el fondo de la cuestión ha sido estudiado a nivel de más de un órgano de la AUF por no menos de ocho profesionales que son especialistas en la materia y les resultó imposible arribar a un consenso que laudara jurídicamente sobre el diferendo, establecer desde el modestísimo enfoque de un periodista si Sebastián Abreu está habilitado o no, como sostienen Nacional y Peñarol en las dos puntas de una misma cuerda, sería un verdadero atrevimiento.
Sin embargo, hay algo más en todo este entuerto, fundamentalmente en el punto que se encuentra, que parece mucho más inexplicable aún que la propia situación que rodea al status reglamentario del pase del delantero, aunque tal vez es lo que termina explicando, por paradójico que parezca, que el nudo del problema lleve ya 15 días de atado y no pueda ser desatado de ninguna manera.
Se trata de un fenómeno que para el periodista no es extraño, porque incluso ha tenido compañeros —que siguen siendo amigos actualmente—que fueron y/o son dirigentes: la terminología directriz con que se manejan entre ellos, diciendo "te fijo", "no me presento" o "te juego", demuestra que el de la sede de la calle Guayabo es un mundo aparte, alejado incluso del otro, real y verdadero, que es el que da lugar a la actividad del directivo, y es ni más ni menos que el de la cancha y la pelota, o sea el juego. Y es esta "deformación profesional" que se genera en el citado ambiente la que, en definitiva, parece haber llevado el embrollo del pase de Abreu al extremo de tener a toda la actividad del fútbol local de rehén de una circunstancia que por algo uno no ve que se presente jamás —al menos en estos términos— en ninguna otra parte de la Tierra.
Pruebas al canto: ayer la Mesa de Primera División decidió la suspensión del partido Nacional-Bella Vista, y en las primeras reacciones públicas de los que a nivel dirigencial han sido los actores principales de esta polémica, el delegado papal se declaró satisfecho con lo resuelto, el Dr. Navascués se enojó —aunque enfocando más directamente a otra faceta del problema— y expresó que si se hubiese seguido el texto del reglamento al pie de la letra y derivado el asunto a la consideración del Tribunal de Conciliación, "no se hubiera llegado a esto", y José Carlos Domínguez no dejó de mostrarse conforme con que finalmente la habilitación original del pase de Abreu haya encontrado algo, o alguien, que le puso un palo en la rueda.
De acuerdo a los intereses particulares de cada uno de los clubes a los que representan y defienden, la apreciación de los dirigentes es correcta; pero sólo a los efectos de la tabla de posiciones, o del "gana-pierde", propios de ese campeonato de la calle Guayabo que juegan (con amor, con dedicación, y hasta vocación, hay que reconocerlo) solamente ellos. Lejos de la cancha real, y del interés genuino del hincha, de la gente. Porque para el fútbol de verdad, al de los "11 contra 11 y pelota al medio", la ecuación que se plantea es exactamente la opuesta. Esto es: en lo estrictamente deportivo, a Bella Vista y a Peñarol lo que más les sirve es que Nacional enfrente a los papales 48 horas después de haber hecho el tremendo esfuerzo físico y mental que hizo ante el Santos el pasado miércoles, y no que asuma ese compromiso con un equipo más descansado y más fresco. Y, seguramente, cuando se enteró que le suspendían el partido de mañana, Carreño se debe haber frotado las manos y empezó a silbar bajito y socarronamente.
O sea: un horizonte totalmente inverso al de los dirigentes. Que quizá hace ya 15 días que están con este tema, que en sus manos parece tan difícil de resolver como esos outballs en los que el jugador recibe la pelota demasiado alta para pararla con el pie y muy baja para hacerlo con la cabeza, porque su ángulo de mira es tan cerrado, que sólo apunta a sumar puntos en el campeonato de la calle Guayabo. Del otro, del verdadero, que se arreglen los jugadores y los técnicos.