HISTORIAS

Urupan, el corazón que hace latir a toda la ciudad de Pando

Los éxitos deportivos que llegaron una década después del rescate de la institución han generado un sentimiento de pertenencia en la comunidad.

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Martín Dangiolillo, presidente de Urupan, en el gimnasio CIgliuti. Foto: Leonardo Mainé

Amanece en Pando. El sol recién está entregando sus primeros rayos de calor, esos que ayudan a levantar la escarcha del césped. La gente todavía se prepara para comenzar su rutina diaria, pero desde las 6 de la mañana ya hay luces encendidas en la esquina de Wilson Ferreira Aldunate e Ituzaingó, en el corazón mismo de la ciudad, frente a la plaza principal. Allí, en Urupan, empieza a latir la ciudad.

Desde muy temprano, cuando a esta altura del año todavía es noche cerrada, comienzan a trabajar 30 funcionarios porque en un ratito empiezan a llegar los niños de las cuatro escuelas de Pando que cada mañana hacen gimnasia en forma gratuita en las instalaciones del club. También tempranito empiezan a llegar los primeros socios, esos que inician la jornada levantando pesas, haciendo ejercicios aeróbicos o hasta pegándole a los sacos de arena del gimnasio de boxeo para llegar descargados a cumplir sus demandantes actividades.

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El área de musculación de Urupan. Foto: Leonardo Mainé

Pando despierta con las luces de Urupan, el club que dentro de poco menos de dos años (el 30 de enero de 2024) cumplirá 100 años. Y hoy el verde pandense brilla más que nunca, porque los éxitos deportivos que lo han llevado a ser la sensación del básquetbol uruguayo ha generado una identidad, un sentido de pertenencia de los habitantes de la localidad y aledaños que lo transforman en el orgullo de la ciudad.

“Urupan de Pando, Urupan de todos”. Ese es el enunciado, pero más que nada es el alma de la institución a partir de 2009, cuando Luis Avero decidió poner en marcha bajo ese lema la recuperación del club. “Yo tenía 20 años, entré a la directiva y me fueron preparando para esto”, dice Martín Dangiolillo, presidente actual de Urupan a los 34 años, quien hace dos está en el cargo y por eso se transformó (con 32) en el más joven en comandar la institución.

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Martín Dangiolillo, presidente de Urupan. Foto: Leonardo Mainé

En Urupan el básquetbol es el principal exponente, pero es solo la parte visible. También hay futsal (ha sido tercero desde 2017 en el torneo de la AUF), handball femenino, escuela de básquetbol, escuela de futsal (de la mano de Miguel Aguirrezabala, técnico del equipo principal y de la selección de fútbol playa), boxeo, danza, gimnasia artística, acrobacia en telas, musculación, spinning, aeróbica, además de la organización de dos carreras de Mountain Bike por año y de una 7k de atletismo a fin de cada año.

“El club se ha convertido en un centro de actividades, porque por ejemplo antes varias instituciones organizaban competencias con fines benéficos y al final terminábamos haciendo tres o cuatro lo mismo con poca gente. Un día nos juntamos y en Urupan ahora se reúne mucha gente para participar bajo una misma organización”, explica por su parte Alejandro Nisivoccia, exbasquetbolista de Capitol y desde 2010 gerente general de la institución.

El rescate de la institución

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El club está ubicado frente a la plaza principal de Pando. Foto: Leonardo Mainé

En 2009 se hizo una apuesta a largo plazo. “El club estaba complicado por el desgaste de las anteriores directivas”, recuerda Dangiolillo. Lo primero fue regularizar las cuentas y el funcionamiento. “Se recuperó la parte de musculación, por ejemplo, que estaba tercerizada y así devolvimos una actividad que podía generar ingreso de dinero”. Por aquel 2009 había unos 200 socios y hoy, 13 años más tarde, hay 1.200. “La pandemia nos afectó como a todos, pero seguimos recuperando socios. El número nuestro es 1.500 y si bien va lento, la cifra sigue aumentando”.

A partir de aquel enunciado “Urupan de Pando, Urupan de todos” comenzó entonces una simbiosis entre la ciudad y el club. Se involucró a las fuerzas vivas para que apoyaran y se pasó a competir a nivel profesional. “Rompimos varias barreras de competencia interna, porque los hinchas de clubes de la zona antes eran rivales, pero ahora Urupan representa a la ciudad como no había ocurrido antes. Los partidos se juegan a estadio lleno y con entradas agotadas”, apunta el presidente.

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La bandera en el Cigliuti lo dice todo. Foto: Leonardo Mainé

Llegaron los éxitos deportivos

Poner en orden el club fue lo que más tiempo llevó, porque los éxitos ocurrieron más rápido de lo previsto, tanto en futsal como (fundamentalmente) en básquetbol. Se empezó por formar las categorías menores y cuando todo estuvo funcionando bien se apostó a la DTA (Tercera de Ascenso). Se cancelaron las deudas con la Federación Uruguaya de Básquetbol y se comenzó a competir.

“Proyectamos dos años en la DTA y eso se cumplió. Luego subimos a El Metro y ahí nos sorprendimos, porque ya a mitad del torneo vimos que estábamos para subir. Habíamos armado un plantel para no bajar, pero el empuje que trajimos de la DTA nos llevó a la Liga Uruguaya”, dice Dangiolillo, quien recuerda que ya entonces comenzó a hablar con las empresas grandes de la ciudad para ver cómo podían colaborar para “no pasar vergüenza”, según pensó en ese momento.

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La gigantografía del equipo campeón de El Metro 2020. Foto: Leonardo Mainé

Urupan fue campeón de El Metro, subió y logró un presupuesto de 200.000 dólares para la LUB. “Tenemos entendido que es el tercero más bajo de la Liga, pero encontramos tal sentido de pertenencia en Esteban Yaquinta, su cuerpo técnico, los jugadores y los hinchas que logramos meternos entre los cuatro primeros”.

Urupan se prepara para enfrentar a Trouville por los cuartos de final de la LUB, rival al que le ganó los dos partidos en la fase regular. Sin embargo, perderá para las instancias finales un factor clave: la localía. Solo perdió un partido en el renovado estadio Santiago Cigliuti, con capacidad para algo más de 1.200 espectadores. Y fue ante Goes, que terminó primero. “Trouville cambió 10 veces de extranjeros y nosotros ninguna y eso es porque los nuestros tienen ese sentido de pertenencia del que hablamos. Los americanos (Antonio Bivins y Donald Robinson) viven acá y son parte de la ciudad. La gente los ve por la calle y se saca fotos con ellos”, relata Nisivoccia. Y Dangiolillo apunta: “Con Bivins nos pasó que tuvo un desgarro de siete milímetros y pensamos en cortarlo. Nos reunimos con él, lo hablamos; no queríamos que se fuera, pero la situación era que necesitábamos un extranjero en plenitud para lo que venía. Nos dijo que él sentía que llegaba, lo hicimos revisar y nos dijeron que sí, que va a llegar. Y ahí está, tirando”. En esos momentos ambos americanos estaban en el gimnasio, solos, lanzando al aro. El tercer extranjero es el lituano Zygimantas Riaukas, quien sigue viviendo en Montevideo.

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Bivins lanza y Robinson espera su turno. Foto: Leonardo Mainé

Se potenció la marca

Los triunfos y la buena administración no solo consiguieron afianzar el orgullo de la comunidad pandense por su club, sino que potenciaron la marca. Por eso, por ejemplo, llegó para El Metro del año pasado Agustín Cáffaro, jugador de la selección argentina, quien arribó en préstamo desde San Lorenzo. “Tenemos la carta firmada por Marcelo Tinelli”, recuerda Dangiolillo. ¿Cómo aterrizó un jugador de tamaña calidad en Pando? “Fue a través de un representante, pero tenía ofertas mejores y nos eligió a nosotros porque un amigo suyo le dijo que viniera a Urupan porque era seguro que iba a cobrar”. Ese fue el salto de calidad que tuvo el plantel en 2020 para ganar El Metro.

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Martín Dangiolillo y Alejandro Nisivoccia. Foto: Leonardo Mainé

Otro hecho que revela el sentido de pertenencia y el poder de la marca es que, según contó Nisivoccia, durante la disputa de la LUB se vendieron más de 500 camisetas, algo poco común. “Eso para nosotros es como que Nacional o Peñarol vendan 50.000”.

Un club para la familia

Urupan es un club pensado para la familia y se trabaja para ello tanto con la vista puesta en el presente como en el futuro. Por ello las entradas son populares: varían entre 100 y 200 pesos, cuando se comenzó cobrando 500. “Lo vemos como una inversión a futuro. No tenemos ni un barra brava. Son todos gurises de las formativas que vienen con sus padres y queremos que las familias estén en la cancha apoyando al equipo”, dice Dangiolillo con cierto orgullo.

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Los baños del Cigliuti, impecables. Foto: Leonardo Mainé

Esto también lo permite la administración. “El presupuesto del básquetbol está por fuera del club. Hay socios o gente de la ciudad que nos ayuda, por ejemplo, poniendo dinero para pagar a los extranjeros. Bivins y Robinson viven en apartamentos cedidos por socios sin cobrarnos alquiler. Una carnicería nos aporta la carne para que coman”, asegura el presidente.

El futuro: ¿habrá fútbol profesional?

Pando tiene una zona de influencia que abarca a unas 200.000 personas y eso lo transforma en un mercado interesante. Por ello puede seguir creciendo, aunque lamentablemente para sus intereses no en infraestructura. El estadio cerrado, por ejemplo, no se puede agrandar más porque no hay espacio. Sin embargo, puede seguir creciendo en proyectos.

Se está evaluando la posibilidad de formar un equipo de fútbol profesional. Dangiolillo confiesa que cree que “no es el momento”, pero revela que “nos llegó un proyecto serio, de una SAD, que lo estamos estudiando”.

Urupan da pasos cortos pero seguros y siempre hacia adelante. Pando lo acompaña de la mano, porque es la marca y la bandera de la ciudad, pero por sobre todas las cosas porque es su orgullo; porque es “Urupan de Pando, Urupan de todos”.

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Foto: Leonardo Mainé
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