Su padre, Fernando, también es piloto, por lo cual vive la pasión de Juan Ignacio de forma muy especial.
-Si te digo que hice todo lo posible para que Juan no corriese en autos no me vas a creer. Con nueve años me pidió de regalo un kart y se lo regalé, pero se lo dejaba usar muy poco. Después, y gracias a muy buenas notas, lo dejé correr una carrera en San José, donde largó último y terminó quinto, corriendo bajo lluvia y yéndose de pista un par de veces. Ahí me di cuenta de que la cosa venía en serio. La verdad es que disfruto este momento de Juan, porque a base de esfuerzo y dedicación me fue ganando la pulseada.