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Venezuela

Las elecciones de este domingo en Venezuela, llevaron un poco de calma a la agitada vida política del país caribeño. Es que el clima entre el presidente Chávez y los principales líderes opositores se había caldeado tanto en los últimos días, que cabía esperar lo peor. Pero no fue así, y tras estos comicios locales, la escena política venezolana vuelve a presentar más o menos el mismo panorama previo, con una sociedad dividida casi en mitades, y donde el locuaz mandatario parece ser el gran motor de esta grave polarización.

Los opositores festejaron los resultados como una victoria, ya que se impusieron en 5 importantes estados del país, entre ellos varios de los más poblados, y hasta lograron conquistar la emblemática alcaldía de Caracas.

El gran punto de quiebre aquí es que los opositores, tachados como una elite oligárquica por los chavistas, han logrado captar una importante cantidad de votos en las zonas más humildes. Sobre todo en base a promesas de enfrentar la ola de inseguridad que ha convertido Caracas en la urbe más violenta del continente.

Pero Chávez tampoco se puede considerar derrotado. Se impuso en 17 de los 22 estados del país, y ha logrado mantener más o menos estable su base popular, algo que parecía difícil después de su última derrota en el referéndum constitucional. Un aspecto curioso fue la reacción del mandatario, queriendo mostrar como un acto que lo enaltece, el hecho de haber reconocido los resultados adversos. ¿Acaso cabe otra posibilidad en un país democrático?

Pero en Venezuela la política se vive de una manera muy especial, como podrán atestiguar quienes haya escuchado los furibundos discursos de Chávez en los días previos, insultando directamente a sus rivales, o amenazando con sacar los tanques a las calles.

Lo que todos los analistas coinciden en destacar, es que este mapa político surgido de las urnas deja en claro la necesidad de un mayor diálogo entre los dos sectores políticos en que se divide el país, y que el impulso opositor, obligará a Chávez a serenarse y negociar. Algo vital en momentos en que el precio del petróleo ha bajado fuertemente, quitando bastante aire a las ambiciones megalómanas del presidente.

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