Gerardo Müller García
Mientras esto escribo se aproxima la hora en que una selección nacional de fútbol ha de enfrentarse con el combinado del País Vasco.
No ha de darse a dicho partido más trascendencia que la que en realidad tiene ya que el equipo se integrará en su mayoría con jugadores menores de 23 años con la finalidad de prepararlos para el Torneo Preolímpico que ha de jugarse en Chile próximamente.
Quiere decir que las dudas y las certezas que muchos aficionados tenemos con respecto a las cualidades de la selección mayor seguirán en su mismo estado por un tiempo más.
La certeza, no exenta de cierta alegría, más reconfortante y firme la ha generado en nuestro ánimo el aspecto ofensivo de las actuaciones del seleccionado nacional.
Carrasco se ha aproximado bastante a algo muy difícil de lograr en nuestro fútbol, amalgamar una cierta belleza y la alegría de jugar, con esa efectividad tan difícil de alcanzar.
Por el contrario ha creado preocupación y una cierta tristeza en la afición las malas actuaciones cumplidas en la tarea defensiva.
Dichas defecciones se han apreciado en el doble aspecto, en el de la selección hecha por el técnico de los jugadores que han de trabajar en la defensa y en el de la mala actuación que varios han cumplido defendiendo la celeste.
La peor de esas actuaciones fue la que cumplió Uruguay ante Paraguay, donde soportó una casi goleada.
Asimismo dejó bastante que desear el aspecto defensivo de la actuación celeste en el partido contra Brasil, que se pudo y debió haber ganado.
Bueno es recordar que hoy no abundan como antaño los grandes jugadores de defensa y que la actuación de varios en el extranjero dificulta su presencia retardando así su trabajo de acoplamiento y ajuste al equipo, tanto como su propia actuación en partidos oficiales.
Si con lo poco visto hasta ahora tuviera que dar una opinión sobre la tarea cumplida por Carrasco y sus logros, con el atrevimiento de los ignorantes diría, que el más trascendente lo ha logrado en el aspecto anímico.
Parecería que nuestro seleccionado va dejando de ser tímido y timorato y va buscando devenir un tanto alegre y caradura.
Pero eso no alcanza.