Ayer tomaron sus cargos los integrantes del nuevo Parlamento que actuará durante los próximos cinco años. En este caso se trata de una integración de ambas Cámaras donde la mayoría que luce el futuro partido de gobierno permitirá un funcionamiento menos sujeto a acuerdos extrapartidarios o coaliciones largamente negociadas, aunque esa mayoría impone también los riesgos de operar sin demasiada consulta o vínculos con las restantes fuerzas políticas. De todas maneras, la forma ejemplar en que se producen en el Uruguay de estas últimas décadas las transiciones de un gobierno a otro, demuestran no sólo el saludable funcionamiento de un mecanismo democrático sino también el espíritu con que toda la población contempla o comparte esos engranajes.
Los pormenores del tránsito de ayer incluyeron matices que también son típicamente uruguayos, como el muy peculiar de que un ex guerrillero (convertido en su madurez en un político y un dirigente de notable arrastre popular) fuera quien tomó el juramento de rigor a un ex presidente de la República, cuya orientación ideológica no es afín a la de ese personaje y cuya presencia en el Senado integra la exigua bancada de un viejo partido que fue mayoritario y ha pasado a ser el menos poblado de los tres lemas que dominan hoy la vida política uruguaya. Pero la conversión de aquellos guerrilleros en hombres de la nueva institucionalidad, es otro de los rasgos que parecen muy alentadores en la etapa que vive el país desde su recuperación democrática.
Cabe desear, desde este umbral de la nueva legislatura, que el Parlamento pueda recobrar el perfil estimulante que tuvo en algunas etapas del pasado y que recientemente se había perdido bajo un manto de inoperancia, lentitud de gestión y falta de vitalidad en sus lazos con la opinión pública, decaimiento que a través de las encuestas de los últimos años mostró el declinante crédito de que dispone el cuerpo. Lo que puede acompañar ese deseo es en todo caso la aspiración de que el Parlamento parezca sensible a las necesidades de una población golpeada por la crisis del 2002 en adelante, parezca atento a los reclamos de la gente, parezca digno del apoyo electoral que obtuvo, parezca estar a la altura de los desafíos del momento.