Cada empleado de la intendencia de Montevideo cuesta unos 20.000 dólares al año. Estas y otras cifras, sorprendentes, fueron suministradas por Javier De Haedo, candidato blanco a la jefatura comunal en las elecciones de mayo. Según este economista hay casi 9.000 empleados municipales que embolsan 186 millones de dólares al año extraídos de un presupuesto total de 400 millones.
Ante estos números es fácil comprender por qué el municipio cobra tributos tan caros al tiempo que hace tan pocas obras. Una tajada sustancial de su caudalosa recaudación -cerca de la mitad- se la llevan sus empleados, en su mayoría agrupados en Adeom. Después de pagarles unos sueldos que están por encima de lo que ganan otros funcionarios públicos y, por supuesto, de lo que perciben los privados, la comuna capitalina se queda sin resuello. Pese a lo cual Adeom vive en pie de guerra, reclamando más aumentos e iniciando acciones judiciales contra la intendencia.
Así acunado por sucesivos intendentes del Frente Amplio desde Tabaré Vázquez hasta Ricardo Ehrlich, a este gremio se le hizo el campo orégano en los últimos 20 años. No es casual que De Haedo, al igual que Ana Lía Piñeyrúa, también candidata del nacionalismo, apunten sus baterías contra los reclamos desmedidos de Adeom. Piñeyrúa advierte que no busca una confrontación con el gremio sino que procura ubicarlo en una posición más sensata, acorde con las necesidades de los montevideanos.
Ambos aspirantes blancos a suceder a Ehrlich van en la buena dirección porque el mayor problema de la intendencia hoy se llama Adeom, ese gremio insaciable que es, en los hechos, quien detenta hoy el poder real en el Palacio Municipal.