Mala memoria

El recién inaugurado "Museo de la Memoria" tiene mala memoria. Se lo presenta como un "espacio para la reflexión sobre la violación de los derechos humanos", aunque en él sólo se ofrecen testimonios de víctimas del terrorismo de Estado. De las otras víctimas, cuyos derechos humanos también fueron violados, como los asesinados, raptados y martirizados por el terrorismo fascista de los tupamaros, no hay rastros en el museo inaugurado por la Intendencia de Montevideo.

Están allí los trajes de reclusos como Mujica y Zabalza, pero no los andrajos que usaron Pellegrini Giampietro, Geoffrey Jackson o Ricardo Ferrés mientras yacieron en las "cárceles del pueblo". En el Museo de la Memoria recuerdan los tormentos de los presos de la dictadura, pero nada evoca la cruel agonía de Pascasio Baez Mena, el peón rural asesinado con una inyección letal tras descubrir un refugio tupamaro.

Tampoco hay en ese espacio "para la educación para la paz" menciones del calvario padecido por el científico estadounidense Claude Fly, quien sufrió un infarto durante el cautiverio impuesto por aquellos iluminados alzados en armas contra un gobierno constitucional. No, no se los recuerda, ni al inocente bancario Burgueño, ultimado cuando esperaba un autobús el día del copamiento de Pando, ni al joven Molaguero molido a palos por sus raptores, ni a ningún policía de los tantos que cayeron asesinados por negarse a dar sus armas en tiempos en que la consigna tupamara era "ármate y espera".

Este museo de la mala memoria reciente, registra apenas la parte de la historia que sirve a los intereses de la izquierda al tiempo que, oblicuamente, busca justificar la rebelión armada de quienes, en los años sesenta, mucho antes de que un sable centelleara en los pasillos del Palacio Legislativo, detonaron bombas en las casas de presidentes democráticos como Washington Beltrán y Luis Giannattasio, extorsionaron para cobrar el "impuesto revolucionario", asaltaron bancos, cobraron rescates millonarios e impusieron en Uruguay un fascismo de izquierda que, tiempo después, atrajo a los militares al poder y pavimentó el camino hacia la dictadura.

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