El caso de una supuesta persona “trans” que ingresó a trabajar al Banco República aprovechando una cuota para esta minoría pone el dedo en la llaga de un problema mayor. Es que esa obsesión, muy bien intencionada, de privilegiar a minorías desde el estado, beneficiándolos con cuotas de “discriminación positiva”, habilita este tipo de abuso. Pero no sólo es lo peor. Lo más grave es que genera una desigualdad que tampoco corrige los problemas de base.
Un caso insólito y llamativo
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